¿Merecemos un día más?


Cityspace5 by Brian Backlash

El crepúsculo se desprendía de mí
como siete cuervos que alzan vuelo
de una rama sin vida, sin hojas.
Me acosté consciente de que nunca levantaría
                podría mirar las edades de los soles
sin moverme ni estremecerme.

Recordaba – mirando al tiempo—
la infinita línea férrea al horizonte
el tren fabricado por tantos hijos
que amanecían a diario con nuevos deseos,
viajaba más allá de las colinas
celebrando la inagotable fuente de curiosidad y placer
que brindaba el mundo explotado.

Había leído los testimonios de navegantes
valientes ante la fuerza bruta de la desgracia:
era la historia de la humanidad
perseverante ante innombrables desafíos.
Ya no, me dije.
Héroes y sobrevivientes
            imponiendo la voluntad de su destino
Ya no, me dije.
                     No es la metáfora de estos tiempos.

Cavé un hoyo y me acosté.
No me escondía ni esperaba nada.
Quería descansar al fin,
deslizarme a la calmada permanencia de una roca.
No quería interrumpir nunca más
              el orden de las cosas.

El amanecer se fija en mí
su luz se refleja en mis ojos
y baña este pequeño tallo de hierba
con una tenue sombra de color.
Pienso en el mundo que gira,
todo lo que hemos logrado.
Creo que el tren llegó a su fin;
podremos descansar…

Nunca imaginé que su verdor
imitara los grandes misterios;
entre dos manos protectoras
la veo crecer, hoja tras hoja de hierba

su existencia es más intensa que la mía.

ARS POETICA

En el gran final

 

Horas y montañas radicaban adentro

lejos de la rutinaria información

era un sueño clavado en cristal de noche

semejante al dolor de una vela apagada

era una oscuridad que brillaba con ideas

flotante microorganismos propagándose en aire 

 

repercutía lo que todos sabían

            pero nadie admitiría

la basura negra del hombre

            ya no merece el mundo

seres destruidos y apagados

en una gran ola de caos
 

vivirán nuevamente en paz los hijos del mar

y los cantos de la selva

 

con el progreso de la objetividad

descubrimos la total relatividad del subjetivismo

cada cabeza obedece su indomable deseo 

 

crece la amenaza de un terremoto que nos consuma

cuando el sol se apague para los avaros

en ese fulminante instante antes de la despedida final – 

 

un diminuto camarón pisa el fondo del océano

afuera crece lentamente cada hoja de monte.

 

 

 

ARS POETICA

Voces vespertinas

 

Tienen que ser escuchadas

las voces nocturnas y solitarias

órdenes de la más profunda caverna

cada momento que un ogro ojo despierta

tiembla, se endurece y grita

como a la luz primera del nacimiento

         ‘quiero ser rescatado

                 a donde estoy’

entonces esa criatura loca como un poeta

pronuncia incoherencias extrañas

                      perplejas reflexiones

hay que escuchar las voces

                                 las noches

                       las pausas

       y cuando todos despertemos:

vibrarán los delicados tonos de un suspiro
o llegará a reinar el pánico de un cataclismo?

La candela

 

Era precisamente esa actitud que me revolvía las entrañas más que la hipocresía de los políticos y las fechorías de la Iglesia. Percibía a lo largo de la avenida peatonal un gran desfile del más despreciable carácter, me sentía aterrorizado al percatarme de tal brutal condición y descubrir que no era ningún sueño pero la más concreta realidad. Bueno, tal vez exagero al llevar todo adjetivo a un valor superlativo. Quizá lo que descubrí en las aceras del siglo veintiuno no es lo más despreciable y brutal, pero más bien se trata de un resentimiento inconsciente que me mueve a calumniar un mundo que me ha tratado injustamente y en el que no he podido sobreponer mi voluntad. Pero tales consideraciones se las dejaremos a los intérpretes psicoanalistas y sigo convencido que me he percatado de una verdad ignorada—algo que verdaderamente me revuelve el estómago.Es momento de entrar en detalles. Iba caminando por la avenida central, hace dieciocho días para ser exactos, distraído por los vaivenes de la gente metropolitana; un pasatiempo que nunca ha de cansarme. Mirar esa multitud de extraños extraviados, vociferando contra los autobuses que se saltan el alto, hombres silbando a las mujeres, madres comprando  el juguete de moda que venden los ambulantes, amigos hablando entre sí con sonrisas, hombres seduciendo a mujeres que rechazan otro halago falso, mujeres que mueven su pompis con el paso de cada tacón, los niños abstraídos con el vuelo de palomas, todos esos personajes innumerables que uno se puede topar en las calles, mientras cada uno de ellos sigue como a un dictado escolar los comandos de su rutina.  Ese día no estuve por la ciudad con el fin único de captar todas imágenes efímeras de la vida cotidiana de las masas, sino que tenía la necesidad de recoger unos zapatos de vestir que estaba enmendando el señor Gutiérrez, propietario de una anticuada y pequeña zapatería, no de las que venden zapatos pero donde arreglan los mismos. Cuando llegué a su pequeño local había una pequeña fila, el señor Gutiérrez estaba atendiendo a una señora encorvada de sesenta años, de un pelo atigrado con manchas blancas y negras, impresión que solo pude explicar como efecto de reiteradas teñidas de pelo hechas en casa, y probablemente sin un espejo. Después de la pequeña señora se encontraba un regordete de considerable altura con un bigote negro y tieso que le cubría el labio superior. Su camisa tenía varios huecos y no le llegaba a cubrir toda su espalda. Sobre los jeans se asomaba una hendedura perpendicular al borde de esos apretados pantalones, lo que me hizo lamentar que su camisa fuera tan corta y expusiera tan sutilmente su peluda naturaleza. La cuestión es que estaba esperando en fila mientras mis ojos exploraban lo cotidiano cuando paran dos jovenzuelos recién salidos del colegio y se quedan platicando por la puerta del local. Sin intención ni esfuerzo su conversación fue registrada por mis oídos y lo que expresaron me llegó a trastornar. Los jóvenes conversaban sobre su futura educación, las razones por las que hay que optar por carreras lucrativas y prósperas, los futuros bienes materiales que tendrían, la cantidad de hijos que engendraría cada uno y la edad que esperarían morir. No puedo fundamentar mi enojo e irracional desasosiego que experimenté en esos momentos. Los dos continuaban en su conversación, optimistas, pragmáticos, centrados, como si tuvieran ochenta y cinco años y conocieran más allá de toda duda la trayectoria del mundo. Era ajena esa actitud a mis treinta y cinco años, no podía concebir como cualquier persona honesta puede desde sus deseos actuales y pasajeros programar todo el esquema de su vida. El señor Gutiérrez me despertó de mis sombrías meditaciones con un retumbante ‘eeyyy’, del que reaccioné con ingenua mirada y me acerqué al mostrador para retirar mis zapatos negros con una boleta blanca que sostenía en mi mano.Salí del local taciturno, un poco molesto e inquieto. Tal vez no he sido suficientemente explícito en mi narración y deben estar preguntándose porque un episodio ordinario como el anterior me haya llegado a afectar tanto. Es posible que pocas cosas ocupen más de mi pensamiento que la soledad y la muerte. No quiero aquí asustar a nadie ni exponerme como una de esas desamparadas almas que navegan entre depresión y depresión a raíz de su pesimismo y cinismo. Mi metodología con estos temas es sumamente sana y productiva, no trato de extraer argumentos para asediar esta ya agitada vida, sino encuentro en esos inauditos temas las fuentes de inexplicables revelaciones y extáticas emociones. La soledad no me ha parecido nunca tan insoportable, siempre la considero como la oportunidad para estar en contacto directo con aquello que somos, un tacto silencioso con este coloso mundo. La muerte es simplemente la advertencia que nos obliga a despertar de nuestra cómoda burbuja de quehaceres y distracciones, se trata de una sombra, un trazo oscuro entre este mundo de luz y colores, es lo que permite ver la silueta de todo lo que está vivo. Resulta fundamental para mí redescubrir ese contacto primordial con el mundo más que esquematizar la vida en abstracciones ilusorias.Así es que caminé por lo que pudieron ser dos o tres horas y en cada rostro metropolitano notaba esa inagotable sed por hacer cosas, construir, producir, reproducir, generar y gastar. No veía a nadie contemplando las nubes que rayaban el cielo encorvado, no había rastro de algún ser apasionado por el movimiento de las hojas en un árbol, o el sonido de la lluvia sobre los techos de zinc, o el vuelo fortuito de una mosca, o la suavidad de la tierra mojada. Todos estaban ocupados haciendo algo y si acaso solo los locos y los niños se detenían por segundos a apreciar un mundo extraño y encantador. ¿Dónde está ese asombro que experimentamos cuando pequeños?Y ya sé lo que muchos dirían. Déjate de vainas, póngase serio y olvide todas esas preocupaciones fútiles e innecesarias. La vida está aquí para vivirla, no para cuestionarla y explicarla. No entiendo muy claramente porque este mundo moderno a veces me revuelve el estómago y me hace nauseabundo. Solamente sé que yo no quemo candelas solo para quemarlas, yo las prendo para poder ver en la oscuridad. Y si esta vida es una candela, no vengo aquí a gastarla, más bien la enciendo para apreciar mejor lo que ella misma revela, es una oportunidad para explorar lo que ha estado por eternidades en la oscuridad y ahora se hace visible con nuestra presencia.

Regresando…

 

 

Esto es una promesa

porque

cada palabra nueva está muerta

ya no existen motivos para defender

la vida como real

es mejor

dejarla caer en débil sueño

dejarla ahogada

inerte pez, hundida belleza

 

 

esto es una promesa

de retroceder hasta la apertura

condenar todo nacimiento

a innecesario esfuerzo

deja esa vieja cosa

sueña en silencio

para que cansar más a la historia

con otro sufrimiento

              u otra anécdota

 

 

esto es una promesa para morir con los años

dejar el aire a los que ven frutos

entre nada y nada, vida y muerte

sostener la vida como libro no leído

ser mosca desaparecida

                    como las cosas pequeñas

que vienen y van

               sin mucha atención

Pasivo encuentro

 

El resto está viviendo sus vidas

                 yo, reservado

             observo y cuento los actos

me alimento de los ecos

          me resbalo como sombra entre multitudes

contemplo el presente expirado,

                   embriagado con su monotonía

soy nada arbolada entre todo quehacer

         creciendo entre zumbidos de memorias

 

Regresó a casa con nubes de sonidos,

       sonrientes mis vellos de cada roce

con ese mundo agitado pero simple:


        tal como la llama fulgente

                azotada entre oscuridad y brisa

pero siempre en anaranjada calma

                                intocable ardor

 

Y duermo entre cada una de esas vidas

           despierto acompañado de silencio

reflejando los tonos fluctuantes

                           las imágenes ahumadas

             cristal del universo

 

Mirando el vapor del tiempo

                todo se mueve

y sin resistir,

            yo ya no aspiro por otra cosa

                                que el reflejo de este instante

Mirando atrás

 

 

Se trataba de una recurrente tristeza

            al nunca poder pertenecer

a la bella ignorancia de vivir

                 sin razones ni justificaciones

 

En las noches cansadas

       sentía la posibilidad

de inagotables realidades 

 

Un terreno vasto sin constitución

                un juego de la imaginación 

 

Seducido por el curso de las estrellas

      terminaba exiliado del sendero común

              regreso imposible a la cueva de los dormidos 

 

Recorriendo los peligros desconocidos

               entre cordilleras del pensamiento

pisando lodos vírgenes

                    captando horizontes inefables

 

Miraba atrás – que lejano estaba todo.

Títere del deseo


Miraba sobre mi cabeza

      no habían cuerdas ni hilos

alcancé por grandes muros alrededor

      no habían ni cercas ni calabozos

supuse que debajo existían espinas y precipicios

    soy preso de los caprichos de este momento

desconozco el por qué de las cosas

    soy libre esclavo de la decisión

respondo a lo que simplemente se manifiesta

             es un juego

esta estrepitosa sinfonía llega a su fin algún día

Mira

Rojo

 Es el pincel
cada pelo negro con su punta
pinta las corrientes de mi sangre
es un fluido similar a electricidad roja
un movimiento en grandes ochos
como altas pirámides de fuego 
que atraviesan mil años de historias dibujadas
y la tinta de toda moral se evapora sobre,
enteramente sobre el papel del agua
el agua que contiene en su profundidad
una esfera pedregosa que todo ser consciente
vislumbra desde las alturas de la soledad:
el origen de los grandes misterios del pensamiento

 
En el recorrido envolvente de la sangre
está la biografía de cada religión
existen las bases de nuevas ciencias
reina suprema la omnisciente duda
origina la paz del asombro inagotable

De la atmósfera de ríos rojos
proviene la sed del deseo
los sueños se ahogan en silencio
se escucha la música de la muerte
la noche recupera su voz…

 

 

 

Cenizas de cada metamorfosis

Vivimos en las cenizas de cada metamorfosis
cada transformación, cada destrucción, cada muerte
nada sobrevive el cambio y la avalancha del tiempo
construye sobre las ruinas de todo lo que una vez existió
Espejismos… quimeras… ensueños…
de cada forma que nace nos cautivamos
olvidamos que se avecina su tumba
el placer consiste en olvidar lo perecedero

Amantes de la mortalidad
bestias cosechando el cambio
hedonistas explotando la frágil llama
que vacila entre ráfagas letales
el ímpetu irracional de nuestra civilización
embriagadas locomotoras sobre el precipicio
de un abismo insustancial

Los brazos de Shiva
meciendo pueriles criaturas
mientras su bostezo
aniquilalos restos de esta mundial fantasía