El escenario ontológico

cielo_azul

El domingo antepasado se llevaron a cabo unos hechos que han elevado la palabra Arte a representar, sino coincidir, con lo que anteriormente llamábamos Universo. Ese fue el día que todos nos dimos cuenta que se trataba de la obra de teatro más ambiciosa jamás efectuada en la historia del planeta. Era sin duda una obra maestra pero muchos, bien la mayoría, se sienten decepcionados. La obra se detuvo justo en el momento que se reveló que se llevaba a cabo. La obra se llamaba “La Vida es Máquina” y el elenco era la humanidad misma. El descubrimiento de la obra estaba ya prescrita o profetizada en la misma obra. Ahora muchos cuestionan si de verdad se detuvo la obra de teatro en el momento que despertó la humanidad de su interpretación o rol de autómata. En el momento que fue revelado que la civilización consistía en una vasta ficción millones de humanos soltaron lágrimas de libertad y alivio, pero pronto las lágrimas se tornaron agrias y descendió sobre la tierra un vacío inexplicable e inequívoco. Si en el pasado era aquél con rol de filósofo que se dedicaba a tejer una nubosidad verbal de premisas y conclusiones injustificables, ahora a diario millones de hombres, mujeres y niños dudan de la disolución de la obra y proponen la escandalosa teoría que la obra no ha terminado, que simplemente ha cambiado de plano (o como ellos dicen, de “escenario” ontológico) y que continuamos todos en nuestra nueva iluminación siendo ciegos esclavos de esquemas e intrigas elaboradas aleatoriamente por un Artista que vive fuera del tiempo y del espacio donde se lleva a cabo nuestra tragicomedia.

Yo por mi parte me limito a representar lo hechos y me abstengo de declarar mi opinión sobre lo acontecido en estos revolucionarios días. Simplemente agradezco que el cielo sigue siendo azul.

Poesía Contemporánea

de la filosofía a la poesía

como_me_hice_poeta

Hace 10 años
soñaba con ser
un gran filósofo

soñaba construir
un lazo tan abstracto
que decoraría el mundo
con el nudo
de mi explicación

soñaba alzar la ficción
a la altura de la ciencia
y la matemática convicción
para declarar que todo
era una grandísima alucinación

soñaba con revelar
la absoluta similitud
entre la hazaña de la civilización
y la inercia de un peñón

soñaba hasta con desvestir
la teoría de su símbolo
para ver la verdad
en un crudo pulso de vida

hace 10 años
soñaba con ser
un gran filósofo

pero perdí la confianza
en las palabras

y me hice
poeta.

Poesía Contemporánea

silencio abriendo silencios

Poema de Silencio

¿qué soy?

cómo me describo
sin palabras

cómo me entiendo
sin el pensamiento

cómo me defino
sin la definición

¿qué soy?
antes del verbo
lejos de sustantivo

cómo me estudio
sin la categoría

cómo me observo
sin ninguna instrucción

¿qué soy?

cómo me enseño
a mirar sin hablar
a respirar sin pronunciar

cómo atisbo
la existencia al desnudo
antes de que se abrigue
de su ficción

cómo desisto
mi insólito nombre
para volver a la virgen matriz

¿qué soy?

antes del amanecer
cuando duermo sin soñar

párrafo en blanco
luz entre luz
silencio abriendo silencios…

 

 

Poesia Moderna

aforismos inquietos

The Spectator Photography

A estas alturas
pensar es aumentar
la agilidad del desconsuelo

el mar
me aplasta
con olas que no
nacen de mis
decisiones

como espectador
los horizontes
caben como sombras
en mis olvidos

es la necesidad
de la línea ser
recta
y de quebrarse
siempre

en el bostezo
suspiramos
en reverso
estando el alma
cansada de tanta
existencia

en esta ficción
de vida
el refugio
está en la
en el sonoro arte
de
inventar

 

 

Poesía Moderna

La candela

 

Era precisamente esa actitud que me revolvía las entrañas más que la hipocresía de los políticos y las fechorías de la Iglesia. Percibía a lo largo de la avenida peatonal un gran desfile del más despreciable carácter, me sentía aterrorizado al percatarme de tal brutal condición y descubrir que no era ningún sueño pero la más concreta realidad. Bueno, tal vez exagero al llevar todo adjetivo a un valor superlativo. Quizá lo que descubrí en las aceras del siglo veintiuno no es lo más despreciable y brutal, pero más bien se trata de un resentimiento inconsciente que me mueve a calumniar un mundo que me ha tratado injustamente y en el que no he podido sobreponer mi voluntad. Pero tales consideraciones se las dejaremos a los intérpretes psicoanalistas y sigo convencido que me he percatado de una verdad ignorada—algo que verdaderamente me revuelve el estómago.Es momento de entrar en detalles. Iba caminando por la avenida central, hace dieciocho días para ser exactos, distraído por los vaivenes de la gente metropolitana; un pasatiempo que nunca ha de cansarme. Mirar esa multitud de extraños extraviados, vociferando contra los autobuses que se saltan el alto, hombres silbando a las mujeres, madres comprando  el juguete de moda que venden los ambulantes, amigos hablando entre sí con sonrisas, hombres seduciendo a mujeres que rechazan otro halago falso, mujeres que mueven su pompis con el paso de cada tacón, los niños abstraídos con el vuelo de palomas, todos esos personajes innumerables que uno se puede topar en las calles, mientras cada uno de ellos sigue como a un dictado escolar los comandos de su rutina.  Ese día no estuve por la ciudad con el fin único de captar todas imágenes efímeras de la vida cotidiana de las masas, sino que tenía la necesidad de recoger unos zapatos de vestir que estaba enmendando el señor Gutiérrez, propietario de una anticuada y pequeña zapatería, no de las que venden zapatos pero donde arreglan los mismos. Cuando llegué a su pequeño local había una pequeña fila, el señor Gutiérrez estaba atendiendo a una señora encorvada de sesenta años, de un pelo atigrado con manchas blancas y negras, impresión que solo pude explicar como efecto de reiteradas teñidas de pelo hechas en casa, y probablemente sin un espejo. Después de la pequeña señora se encontraba un regordete de considerable altura con un bigote negro y tieso que le cubría el labio superior. Su camisa tenía varios huecos y no le llegaba a cubrir toda su espalda. Sobre los jeans se asomaba una hendedura perpendicular al borde de esos apretados pantalones, lo que me hizo lamentar que su camisa fuera tan corta y expusiera tan sutilmente su peluda naturaleza. La cuestión es que estaba esperando en fila mientras mis ojos exploraban lo cotidiano cuando paran dos jovenzuelos recién salidos del colegio y se quedan platicando por la puerta del local. Sin intención ni esfuerzo su conversación fue registrada por mis oídos y lo que expresaron me llegó a trastornar. Los jóvenes conversaban sobre su futura educación, las razones por las que hay que optar por carreras lucrativas y prósperas, los futuros bienes materiales que tendrían, la cantidad de hijos que engendraría cada uno y la edad que esperarían morir. No puedo fundamentar mi enojo e irracional desasosiego que experimenté en esos momentos. Los dos continuaban en su conversación, optimistas, pragmáticos, centrados, como si tuvieran ochenta y cinco años y conocieran más allá de toda duda la trayectoria del mundo. Era ajena esa actitud a mis treinta y cinco años, no podía concebir como cualquier persona honesta puede desde sus deseos actuales y pasajeros programar todo el esquema de su vida. El señor Gutiérrez me despertó de mis sombrías meditaciones con un retumbante ‘eeyyy’, del que reaccioné con ingenua mirada y me acerqué al mostrador para retirar mis zapatos negros con una boleta blanca que sostenía en mi mano.Salí del local taciturno, un poco molesto e inquieto. Tal vez no he sido suficientemente explícito en mi narración y deben estar preguntándose porque un episodio ordinario como el anterior me haya llegado a afectar tanto. Es posible que pocas cosas ocupen más de mi pensamiento que la soledad y la muerte. No quiero aquí asustar a nadie ni exponerme como una de esas desamparadas almas que navegan entre depresión y depresión a raíz de su pesimismo y cinismo. Mi metodología con estos temas es sumamente sana y productiva, no trato de extraer argumentos para asediar esta ya agitada vida, sino encuentro en esos inauditos temas las fuentes de inexplicables revelaciones y extáticas emociones. La soledad no me ha parecido nunca tan insoportable, siempre la considero como la oportunidad para estar en contacto directo con aquello que somos, un tacto silencioso con este coloso mundo. La muerte es simplemente la advertencia que nos obliga a despertar de nuestra cómoda burbuja de quehaceres y distracciones, se trata de una sombra, un trazo oscuro entre este mundo de luz y colores, es lo que permite ver la silueta de todo lo que está vivo. Resulta fundamental para mí redescubrir ese contacto primordial con el mundo más que esquematizar la vida en abstracciones ilusorias.Así es que caminé por lo que pudieron ser dos o tres horas y en cada rostro metropolitano notaba esa inagotable sed por hacer cosas, construir, producir, reproducir, generar y gastar. No veía a nadie contemplando las nubes que rayaban el cielo encorvado, no había rastro de algún ser apasionado por el movimiento de las hojas en un árbol, o el sonido de la lluvia sobre los techos de zinc, o el vuelo fortuito de una mosca, o la suavidad de la tierra mojada. Todos estaban ocupados haciendo algo y si acaso solo los locos y los niños se detenían por segundos a apreciar un mundo extraño y encantador. ¿Dónde está ese asombro que experimentamos cuando pequeños?Y ya sé lo que muchos dirían. Déjate de vainas, póngase serio y olvide todas esas preocupaciones fútiles e innecesarias. La vida está aquí para vivirla, no para cuestionarla y explicarla. No entiendo muy claramente porque este mundo moderno a veces me revuelve el estómago y me hace nauseabundo. Solamente sé que yo no quemo candelas solo para quemarlas, yo las prendo para poder ver en la oscuridad. Y si esta vida es una candela, no vengo aquí a gastarla, más bien la enciendo para apreciar mejor lo que ella misma revela, es una oportunidad para explorar lo que ha estado por eternidades en la oscuridad y ahora se hace visible con nuestra presencia.