Roca en la voz.

Anterior al bello
viene
la mano de él,
hijo,
colocho de ruido
rasando la alfombra
con el motor
abarcando ímpetu
pero sin destino

Una necesidad
de tener llaves
para puertas oscuras
que abren al abierto,
horas enteras
abriéndose a tardes,
a noches, a cosmología;

El espejo
ante la desnudez
del bosque, el eco
del animal que muere
atrapado
bajo la eternidad
de una roca

Daba boca a la sal,
saber la sangre
hablar lo helado

Un elogio a la amargura
que ha brotado sopa
de fruta, azúcar amarrada
sobre el pelo, luz

derritiéndose sobre la piel

Tanta alegría
mientras la nubes
transitaban rubias y ciegas
palomas espiando
las boronas
que la dialéctica del viento
trae y se lleva

Esto es un pleno enamoramiento
con el suelo
que sostiene pero nunca
retiene.