una noche de junio

Noche de verano Dinamarca
Si algo quisiera resaltar
sería lo indómito
inquieto en la periferia
de esa lógica que es inminente
pero siempre accidental
de herramienta quedan palabras
para impresionismo de eclipse –
todo ineludiblemente acaba
y queda únicamente el moroso recuerdo
¿Por qué pretender?
dejo escrito lo somero,
la contradicción
¿Su función?
insinuarme de que vivo
y de paso, manifestar
que entiendo
la paradoja:
lo esencial
es lo que se esconde
detrás de la vida.

 

Poesia 2011

las mitades

Brick Photo

Mi postura es
buscar la posición detrás del instante,
empezar un acto
y abandonarlo en su inefectividad,
insistir en alguna existencia
pero fomentar su implosión,
todo lo que pienso es meramente un prefacio
a lo que explicará el silencio;
cae la hora como hacha en mi frente
dejando dos mitades expuestas:
una vacía
la otra esperando.

 

Poesía Fútil

hoja otoñal

On the poetic road

Donde
el campo
como gris anatomía
crece como risa
en el hoyo del cero
que multiplica mis pensamientos

y las gotas de la ventana
son lluvia de mi sangre
del cielo transitorio
jugando como una sensación
sin los sentidos de tacto
visión
audición
gusto
oliendo la eternidad

en el espacio
donde se cosen los actos
como una literatura
que las aves leen en su vuelo
hacia el origen

la luz es canción triste
alma vestida de cosas
hoy como nunca
existir es ser
hoja otoñal

 

 

Poesía NIHILISTA

Me caí

Temible Libertad

Me caí
no en un fatalismo
ni en uno de esos abismos
ni a la calle, no hablo
de esas cosas;
me caí
como un templo
que se desploma por un terremoto
y todos los santos de mármol
de mi interior
se estrellaron contra el suelo
reventando en fragmentos irreconocibles;
caí
con mi gran domo de dogmas
sobre la multitud de mi fieles opiniones,
dejando escombros y cadáveres y nada más;
caí
como ese templo
y ya no tengo intermediario
entre lo que soy
y lo que debo ser,
el horizonte queda descubierto sin
esta intercalada catedral,
queda abierto
como esta herida
que se sana
con la temible libertad
             de no saber nada . . .
 

Poesía Nihilista

aforismos inquietos

The Spectator Photography

A estas alturas
pensar es aumentar
la agilidad del desconsuelo

el mar
me aplasta
con olas que no
nacen de mis
decisiones

como espectador
los horizontes
caben como sombras
en mis olvidos

es la necesidad
de la línea ser
recta
y de quebrarse
siempre

en el bostezo
suspiramos
en reverso
estando el alma
cansada de tanta
existencia

en esta ficción
de vida
el refugio
está en la
en el sonoro arte
de
inventar

 

 

Poesía Moderna

La candela

 

Era precisamente esa actitud que me revolvía las entrañas más que la hipocresía de los políticos y las fechorías de la Iglesia. Percibía a lo largo de la avenida peatonal un gran desfile del más despreciable carácter, me sentía aterrorizado al percatarme de tal brutal condición y descubrir que no era ningún sueño pero la más concreta realidad. Bueno, tal vez exagero al llevar todo adjetivo a un valor superlativo. Quizá lo que descubrí en las aceras del siglo veintiuno no es lo más despreciable y brutal, pero más bien se trata de un resentimiento inconsciente que me mueve a calumniar un mundo que me ha tratado injustamente y en el que no he podido sobreponer mi voluntad. Pero tales consideraciones se las dejaremos a los intérpretes psicoanalistas y sigo convencido que me he percatado de una verdad ignorada—algo que verdaderamente me revuelve el estómago.Es momento de entrar en detalles. Iba caminando por la avenida central, hace dieciocho días para ser exactos, distraído por los vaivenes de la gente metropolitana; un pasatiempo que nunca ha de cansarme. Mirar esa multitud de extraños extraviados, vociferando contra los autobuses que se saltan el alto, hombres silbando a las mujeres, madres comprando  el juguete de moda que venden los ambulantes, amigos hablando entre sí con sonrisas, hombres seduciendo a mujeres que rechazan otro halago falso, mujeres que mueven su pompis con el paso de cada tacón, los niños abstraídos con el vuelo de palomas, todos esos personajes innumerables que uno se puede topar en las calles, mientras cada uno de ellos sigue como a un dictado escolar los comandos de su rutina.  Ese día no estuve por la ciudad con el fin único de captar todas imágenes efímeras de la vida cotidiana de las masas, sino que tenía la necesidad de recoger unos zapatos de vestir que estaba enmendando el señor Gutiérrez, propietario de una anticuada y pequeña zapatería, no de las que venden zapatos pero donde arreglan los mismos. Cuando llegué a su pequeño local había una pequeña fila, el señor Gutiérrez estaba atendiendo a una señora encorvada de sesenta años, de un pelo atigrado con manchas blancas y negras, impresión que solo pude explicar como efecto de reiteradas teñidas de pelo hechas en casa, y probablemente sin un espejo. Después de la pequeña señora se encontraba un regordete de considerable altura con un bigote negro y tieso que le cubría el labio superior. Su camisa tenía varios huecos y no le llegaba a cubrir toda su espalda. Sobre los jeans se asomaba una hendedura perpendicular al borde de esos apretados pantalones, lo que me hizo lamentar que su camisa fuera tan corta y expusiera tan sutilmente su peluda naturaleza. La cuestión es que estaba esperando en fila mientras mis ojos exploraban lo cotidiano cuando paran dos jovenzuelos recién salidos del colegio y se quedan platicando por la puerta del local. Sin intención ni esfuerzo su conversación fue registrada por mis oídos y lo que expresaron me llegó a trastornar. Los jóvenes conversaban sobre su futura educación, las razones por las que hay que optar por carreras lucrativas y prósperas, los futuros bienes materiales que tendrían, la cantidad de hijos que engendraría cada uno y la edad que esperarían morir. No puedo fundamentar mi enojo e irracional desasosiego que experimenté en esos momentos. Los dos continuaban en su conversación, optimistas, pragmáticos, centrados, como si tuvieran ochenta y cinco años y conocieran más allá de toda duda la trayectoria del mundo. Era ajena esa actitud a mis treinta y cinco años, no podía concebir como cualquier persona honesta puede desde sus deseos actuales y pasajeros programar todo el esquema de su vida. El señor Gutiérrez me despertó de mis sombrías meditaciones con un retumbante ‘eeyyy’, del que reaccioné con ingenua mirada y me acerqué al mostrador para retirar mis zapatos negros con una boleta blanca que sostenía en mi mano.Salí del local taciturno, un poco molesto e inquieto. Tal vez no he sido suficientemente explícito en mi narración y deben estar preguntándose porque un episodio ordinario como el anterior me haya llegado a afectar tanto. Es posible que pocas cosas ocupen más de mi pensamiento que la soledad y la muerte. No quiero aquí asustar a nadie ni exponerme como una de esas desamparadas almas que navegan entre depresión y depresión a raíz de su pesimismo y cinismo. Mi metodología con estos temas es sumamente sana y productiva, no trato de extraer argumentos para asediar esta ya agitada vida, sino encuentro en esos inauditos temas las fuentes de inexplicables revelaciones y extáticas emociones. La soledad no me ha parecido nunca tan insoportable, siempre la considero como la oportunidad para estar en contacto directo con aquello que somos, un tacto silencioso con este coloso mundo. La muerte es simplemente la advertencia que nos obliga a despertar de nuestra cómoda burbuja de quehaceres y distracciones, se trata de una sombra, un trazo oscuro entre este mundo de luz y colores, es lo que permite ver la silueta de todo lo que está vivo. Resulta fundamental para mí redescubrir ese contacto primordial con el mundo más que esquematizar la vida en abstracciones ilusorias.Así es que caminé por lo que pudieron ser dos o tres horas y en cada rostro metropolitano notaba esa inagotable sed por hacer cosas, construir, producir, reproducir, generar y gastar. No veía a nadie contemplando las nubes que rayaban el cielo encorvado, no había rastro de algún ser apasionado por el movimiento de las hojas en un árbol, o el sonido de la lluvia sobre los techos de zinc, o el vuelo fortuito de una mosca, o la suavidad de la tierra mojada. Todos estaban ocupados haciendo algo y si acaso solo los locos y los niños se detenían por segundos a apreciar un mundo extraño y encantador. ¿Dónde está ese asombro que experimentamos cuando pequeños?Y ya sé lo que muchos dirían. Déjate de vainas, póngase serio y olvide todas esas preocupaciones fútiles e innecesarias. La vida está aquí para vivirla, no para cuestionarla y explicarla. No entiendo muy claramente porque este mundo moderno a veces me revuelve el estómago y me hace nauseabundo. Solamente sé que yo no quemo candelas solo para quemarlas, yo las prendo para poder ver en la oscuridad. Y si esta vida es una candela, no vengo aquí a gastarla, más bien la enciendo para apreciar mejor lo que ella misma revela, es una oportunidad para explorar lo que ha estado por eternidades en la oscuridad y ahora se hace visible con nuestra presencia.

Regresando…

 

 

Esto es una promesa

porque

cada palabra nueva está muerta

ya no existen motivos para defender

la vida como real

es mejor

dejarla caer en débil sueño

dejarla ahogada

inerte pez, hundida belleza

 

 

esto es una promesa

de retroceder hasta la apertura

condenar todo nacimiento

a innecesario esfuerzo

deja esa vieja cosa

sueña en silencio

para que cansar más a la historia

con otro sufrimiento

              u otra anécdota

 

 

esto es una promesa para morir con los años

dejar el aire a los que ven frutos

entre nada y nada, vida y muerte

sostener la vida como libro no leído

ser mosca desaparecida

                    como las cosas pequeñas

que vienen y van

               sin mucha atención