
Con la taza
el lápiz y el reloj
entre todas las cosas
que me sostienen subjetivamente
sentado, casi muerto
antojado de una tristeza
que no llega
buscando sufrir
para desmentir la existencia
con la taza
el lápiz y el reloj
— casi muerto.

Con la taza
el lápiz y el reloj
entre todas las cosas
que me sostienen subjetivamente
sentado, casi muerto
antojado de una tristeza
que no llega
buscando sufrir
para desmentir la existencia
con la taza
el lápiz y el reloj
— casi muerto.

Era una de esas noches,
una más entre todas las noches
tantas veces envolviendo la acostumbrada monotonía
de los hábitos
tantas agonías bautizadas con nombres y apellidos
de los que existieron para nunca más existir
y yo sentado aquí viviendo otra noche
de una sutil transparencia
casi inmóvil, cuando se espera que sea día
solo para que luego esperar
alguna otra noche
y en ese ciclo de irrelevancia
me siento aquí como muchas otras veces
sabiendo que nada nuevo va a suceder
por lo que miro la renovable crudeza
con la que se repiten todos estos objetos
resuelto a vivir con las triviales concupiscencias
del Destino.

Dos luces
son la protuberancia de mi visión
al costado
la cerveza checa casi agotada
no soy el único
si yo picoteo el papel con una punta
otros punzan el piso con sus pies
y por su efímero movimiento
mis dos luces
confiesan la fragilidad de su fuego
mientras tanto la atmósfera de mi cabeza
recibe el fondo ambiguo de conversiones ajenas
conjuntamente con los zumbidos modernos de un techno
la variedad de mis temores oscila
entre la potente metafísica del libro a mi izquierda
y la interrogante de quién o qué soy
el propósito actual es escribir un poema
amplio como este irrepetible momento
que ni yo ni otro volverá a tener
y como las cosas en frente
tienen una piel alucinógena
no por la cerveza que casi termino
sino por su inconcebible hecho de existir
entre tanto, acaricio mi bigote que se siente
como un animal vivo reposando en mis labios
y el viento crudamente viajando sin color
sobre las hojas y los techos del mundo
todo esto, es
– si las proposiciones son válidas –
aspectos de una terrible vida
una colección de datos insuficientes
que intentan representar
la abundancia
de la existencia
y la impotencia inherente
de convertir este fenómeno
en cosas habladas.

Corre destrucción
antes de que sea muy tarde
techados están los temores
y los vientos huelen a melancolía
llega el fin de una era
el fin de todas
ajústate el cinturón
vacía los sueños
corre a la punta
al final de una trayectoria confusa
moviliza las legiones de verbos
como el catastrófico hábito de planear –
las burbujas del vino
las burbujas de la existencia
se estallan… se fugan
tensiones se van disminuyendo
el agua de un mar sin nombre
envenenando el continente desconocido
corre, destrucción
despliega todas tus flotas
arranca el motor del sinsentido
aumentan los violetas y los rojizos
anochece paz, ahóguese la multitud
la lengua está fría
la voz no tiene dirección. Ven,
destrucción,
es hora.

A lo lejos
todo se ve
como una silueta
ante la luz de una rosticería
sombras que pretenden ser hombres
anaranjados que suelen ser cigarrillos
ya que, por alguna razón
dejan las luces del primer piso
encendidas
el pavimento es plateado
negro está el cielo
ante la fosforescencia tenue de ciudad.
Mientras me muerdo las últimas puntas de mis uñas
camino unos cuantos metros
(no sé cuantos, pero todo se puede medir en metros)
paso por dos botellas
una amarillenta, pero no es mostaza
es algún espray para el pelo
la otra es rojiza, pero no es kétchup
es una bebida como el Hi-C pero alemán o europea
luego me acerco a ese lugar que nos gusta llamar “fantasía”
es un bar equis, cerca de la casa
con atmósfera fantástica
la bicicleta queda acostada contra el 45
su asiento, me di cuenta ahorita, dice logic
“lógica” en inglés, y mire usted
no dice ahí mismo en la pared
Logic, con un signo de interrogación.
A lo lejos, una luz verduzca
suele ser un semáforo peatonal
una señal
¿para el desenfreno?
–
Al ingresar al bar o ‘lounge’
pido una cerveza por ser lo más barato
no ocupo más porque estoy bastante ebrio
pero la inercia de mi; ¿reconcilio?
mi mundana nostalgia
exige un desahogo continuo
una anécdota más, entre más ambigua mejor
Vivaldi resuena en mis oídos, ya que traje
mi propio iPod, ¿No estoy prostituyendo la poesía?
Al fin me atrevo a mirar alrededor
qué esperan ver, milagros o groserías
nada, bullicio, reflejos, deseos, cansancios
humo, cigarrillos, carcajadas inauditas, voces
candelas, miradas extrañas, brindis, cervezas
locura y un cierto amor a la entrega del momento.
Tengo que perderme un segundo de este baile sentado
para ir al baño, orinar, veo esa cerámica lista
para el chorro de cualquier hombre, me detengo
y digo en voz alta, yo soy cualquier hombre
pues orino, y salgo sonriendo.
Cuando regreso a mi solitaria mesa, la cerveza
fría y venenosa
hace de las suyas
¿cuál estación de Vivaldi es esta?
¿ cuál efímera noche llamaré ayer o anoche?
Me tomo el pulso y esta descansado
confieso que me da cierta pereza ver gente
esos ebrios sin poesía, esos delincuentes
de la intoxicación.
Por supuesto, con esta última línea
me volví loco junto a Vivaldi
y es posible que me dejé llevar
donde la locura no tiene límite
entonces surge en mi el afán a la objetividad
detengo mis rebeldes impulsos,
respiro profundo
¿Qué veo?
Estoy sentando contra la pared
a mi izquierda cuatro mujeres fumando (cigarrillos)
a las once, se sienta una pareja recién llegada
a las doce, dos hombres mayores (que yo) con anteojos ambos
a la una, un hombre va al baño
a las dos, dos hombres y una mujer cansados pero no ebrios
a las tres, sanguijuelas buscando coito
a las cuatro, y cinco, nada, el resto es pared.
Por alguna circunstancia no notable
cambié la música y ahora escucho rock
desgraciadamente tuve que ir al baño en esos momentos
en ese momento de ímpetus hice girar mi pene de forma inadecuada
lo que resultó que mi jeans terminaran notablemente marcados
con esos líquidos, que no tienen otro nombre: orines.
Regresé a mi solitaria mesa a relatar este relato
un hombre de pelo largo hace un baile extraño
exclusivamente justo al frente mío
pero luego se va con una sonrisa
¿se están burlando del poeta borracho?
De todas maneras, tenía que cruzar mis piernas
para poder secar esos indeseables orines
cambié la música al que dice,
“es el siglo veintiuno, es el siglo veintiuno”
estoy vivo.
Algo dice adentro que debo irme,
no sé qué hacer.
Una más de mis canciones, una más
aunque esta vela enfrente fluctúe
y me voy – vivo cerca
estoy cerca,
esa fantasía
ese sueño,
ser libre,
ser total,
ser uno
ser feliz,
está cerca.

Todo lo que está sucediendo simultáneamente
para producir este efímero instante
los ríos de tiempos hablan sobre una movediza realidad
y absorbiendo en el epicentro del laberinto
todas las relaciones, colores y creaciones
los mil millones de años para poseer una vida
una única ocasión
Con puntas de dedos perecederos,
pescadores y el anzuelo perdido
porque todo la existencia empieza ahora
desmoronándose
escamas de seres anteriores
la personalidad desconocida del ayer
y el sello nocturno del mañana
palabras son jeroglíficos para cosas reales
tan innombrables que sus vocales
impronunciables son
pero viven como verdades
profundidades tan inabarcables como el sueño de la luna
la luz que apaga la oscuridad
acompañando un adentro
colmado de espejos
donde nada se puede reflejar
solo el reflejo de otros reflejos
en la búsqueda transparente por la fuente
que existe en todas las cosas
intensidad como el rojo de la sangre
el gozo de existir
una sola vez…

Estoy centrado en una oscuridad vibrante
conozco íntimamente la semilla
el tejido de noche que compone el día
la dimensión escondida detrás de la visión
crié el miedo desde su infancia
era negro y encogía las galaxias
un punto sin forma parecido a la muerte
anoche tuve que deshacerme
casi desnudo en profunda percepción
de capas y capas, removiendo estratos
una geología espiritual
estirando el acordeón hasta quedar mudo
adivinando el ritmo que canta la existencia
eran hilos de sustancias vacías
cuando con pánico se niega a mirar
sin absorber ni una sola gota
una corriente que se mueve sin nombre
compresible solo cuando se ahoga la resistencia

El miedo y la inseguridad pueden ocultar la inspiración
construyen murallas alrededor de pequeñas alegrías
y cuando la rutina se une a sus fechorías
regresamos al lodo, nos revolcamos como lombrices
dejamos el devenir correr,
nace la servidumbre al olvido – conocemos la sombra del silencio
hace tantos años inventamos el milagro del asombro
ilimitadas realidades habían en un juguete o el vuelo de una ave
cuando la vibración de cada percepción nos revelaba
la divinidad no-escrita de cada segundo, como discípulos del encanto
antes que el aprendizaje aburrido, la brutal repetición
nos convirtió la existencia en algo trivial,
común entre hordas de humanos,
indiferentes a la poesía de la piel,
indolentes al brillo de los astros
apáticos al arte de la respiración
inasible vapor de la imaginación
exploradores incansables de riquezas perecederas
incapaces en la producción de una sola lucidez
al nunca trasmutar el bullicio de los días
al tacto embriagado de un poema:
mucho menos al éctasis insensato
del un baile enloquecido y solitario ante el domo del cosmos.

Nuestra corta existencia
se acorta con cada nueva palabra
elogiada en la punta del lápiz
se encoge el desfile de formas
con la longitud de otra ambigüedad formada
y, aun así, podría seguir repitiendo en cada nación
cada lengua
el canto de mi desesperación
repitiendo las agonías
declarando entre húmedas orgías
el himno de la noche antigua
“estoy solo y voy a morir”
irreducible aspecto de la mortalidad
entre los hermosos cadáveres
que ríen, celebran y viven el día –
así vivo también, pero moriría
al final de una interrumpida oración
haber vaciado un sinsentido de sustantivos
al hueco podrido del universo

Entra un pensamiento
Su origen es incierto,
pero ha entrado al núcleo de este instante
y llena este irrevocable momento
con la substancia de una suspirada realidad.
Los ojos miran sin esfuerzo
Capturan el reflejo de una luz
despojan la sombra del vacío
y transforman este segundo en:
percepción.
se repite el sonido de cada pauta
un latido por cada descanso de la aguja
agrega un grano de polvo
la visita a un rincón casi olvidado
se hunden las puntas de cada nervio
penetras la nube de la memoria
el fantasma del ayer, vive sigilosamente;
Llegan las cosas y parten, se dividen
se separan en hilos que ya no alcanzamos
regresan gemelos de hábitos una vez desistidos,
nacen cambios para nuevas incógnitas.
Lenta, deslizante se forma la eternidad.
No excluye lo fútil, recoge todo,
cada migaja de sentimiento, colecciona
el aburrimiento, la soledad, el recuerdo,
se nutre con las vidas de insectos y humanos,
seduce todo a tomar una pequeña porción
de su,
inmensidad.
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