La inefabilidad

Dos luces
son la protuberancia de mi visión
al costado
la cerveza checa casi agotada
no soy el único
si yo picoteo el papel con una punta
otros punzan el piso con sus pies
y por su efímero movimiento
mis dos luces
confiesan la fragilidad de su fuego
mientras tanto la atmósfera de mi cabeza
recibe el fondo ambiguo de conversiones ajenas
conjuntamente con los zumbidos modernos de un techno
la variedad de mis temores oscila
entre la potente metafísica del libro a mi izquierda
y la interrogante de quién o qué soy
el propósito actual es escribir un poema
amplio como este irrepetible momento
que ni yo ni otro volverá a tener
y como las cosas en frente
tienen una piel alucinógena
no por la cerveza que casi termino
sino por su inconcebible hecho de existir
entre tanto, acaricio mi bigote que se siente
como un animal vivo reposando en mis labios
y el viento crudamente viajando sin color
sobre las hojas y los techos del mundo
todo esto, es
– si las proposiciones son válidas –
aspectos de una terrible vida
una colección de datos insuficientes
que intentan representar
la abundancia
de la existencia
y la impotencia inherente
de convertir este fenómeno
en cosas habladas.

Repetición y el caos

caer en una dulce ironía

contento de sufrir

eufórico de esta constante monotonía

— es este el discurso del contemporáneo —

es una notable hazaña

crear una civilización de hambre

hambruna por la belleza

inanición y agotamiento

carentes de la gota sagrada

¿cómo la llaman? – pasión

arrasamos los árboles y la sorpresa

escribimos ciencias, escondidas melancolías

porque hace un tiempo el universo era

muralla

intransitable piedra;

pero qué estoy hablando

no es oportuno tener que repetir

todos los días, las mismas cosas

encallecer los ojos y ver solo objetos

relaciones, tal vez coincidencias

mira hijito,

somos es último escalón de la evolución;

pero hombrecito, dice la desnuda verdad

estamos al fondo de un precipicio

dulce ceguera, quién quería admitirlo.