como tú y yo.

Siempre fue parte de todo

entera partícula

él era un hombre vivo y mortal

valiente y cobarde

contento con su pequeño rincón

común hermano de las noticias

era

al fin y al cabo

uno más

una partícula íntegra

respirando

dejando el tiempo hacer lo suyo

pues era un hombre

de piel y sueños

capaz de asombro y aburrimiento

un colmillo feliz

y una barba espesa

era aquél

una figura más que jugaba

reía de las nubes

lloraba, como otros, en las noches

era, al fin y al cabo,

como tú y yo.
 

 

Poesia nihilista

La historia de la eternidad

Entra un pensamiento

    Su origen es incierto,

pero ha entrado al núcleo de este instante

    y llena este irrevocable momento

 con la substancia de una suspirada realidad.

 

 Se va.

   Los ojos miran sin esfuerzo

      Capturan el reflejo de una luz

despojan la sombra del vacío

   y transforman este segundo en:

                           percepción.

 

 Escuchas las manos del reloj;

    se repite el sonido de cada pauta

un latido por cada descanso de la aguja

               agrega un grano de polvo

 

al ponto sin fondo, llamado: Tiempo.

 

Se anuncia el recuerdo

      la visita a un rincón casi olvidado

se hunden las puntas de cada nervio

        penetras la nube de la memoria

el fantasma del ayer, vive sigilosamente;

                luego: se va.

 

Llegan las cosas y parten, se dividen

            se separan en hilos que ya no alcanzamos

regresan gemelos de hábitos una vez desistidos,

          nacen cambios para nuevas incógnitas.

 

Lenta,  deslizante se forma la eternidad.

        No excluye lo fútil, recoge todo,

cada migaja de sentimiento, colecciona 

          el aburrimiento, la soledad, el recuerdo,

se nutre con las vidas de insectos y humanos,

            seduce todo a tomar una pequeña porción

 de su,

     inmensidad.