
Pain by Hands of Crimson (deviantart)
and reenter the game once again.

Pain by Hands of Crimson (deviantart)
and reenter the game once again.

Unable to escape this vast dawn
hanging upon me like an atmosphere of chemicals
a mechanical tingling from ages’ past
I’ve collected the motionless quantum of floating seeds
constantly mirroring the pinpoints of valleys
as seen from peaks of departure
I’ve spoken with the dark red shade of tomorrow
perhaps seducing despair to taste my blood
her choice fluttered like a hummingbird’s thought
I’ve fallen in those perimeters of wonder
unfelt timelessness
incapable of resisting the language of rising steam
The old skins of trees invade the territory of sense
while curves vague as clouds
embroil this journey’s end.

From the heights above
region of utter (but momentary) silence
you yearn to reach high
succumb to every celestial impulse
explore paths in those veins of pain
fury and euphoric in blindness
closing in at last to fulfillment
near-annihilation by its sheer force
forsaken in its brilliance
as the chariot of doom
Then, laugh, laugh in Olympic stride
and close your eyes to the Void inside

Horas y montañas radicaban adentro
lejos de la rutinaria información
era un sueño clavado en cristal de noche
semejante al dolor de una vela apagada
era una oscuridad que brillaba con ideas
repercutía lo que todos sabían
pero nadie admitiría
la basura negra del hombre
ya no merece el mundo
seres destruidos y apagados
vivirán nuevamente en paz los hijos del mar
con el progreso de la objetividad
descubrimos la total relatividad del subjetivismo
crece la amenaza de un terremoto que nos consuma
cuando el sol se apague para los avaros
un diminuto camarón pisa el fondo del océano
afuera crece lentamente cada hoja de monte.

Tienen que ser escuchadas
las voces nocturnas y solitarias
órdenes de la más profunda caverna
cada momento que un ogro ojo despierta
tiembla, se endurece y grita
como a la luz primera del nacimiento
‘quiero ser rescatado
a donde estoy’
entonces esa criatura loca como un poeta
pronuncia incoherencias extrañas
perplejas reflexiones
hay que escuchar las voces
las noches
las pausas
y cuando todos despertemos:
vibrarán los delicados tonos de un suspiro
o llegará a reinar el pánico de un cataclismo?

Era precisamente esa actitud que me revolvía las entrañas más que la hipocresía de los políticos y las fechorías de la Iglesia. Percibía a lo largo de la avenida peatonal un gran desfile del más despreciable carácter, me sentía aterrorizado al percatarme de tal brutal condición y descubrir que no era ningún sueño pero la más concreta realidad. Bueno, tal vez exagero al llevar todo adjetivo a un valor superlativo. Quizá lo que descubrí en las aceras del siglo veintiuno no es lo más despreciable y brutal, pero más bien se trata de un resentimiento inconsciente que me mueve a calumniar un mundo que me ha tratado injustamente y en el que no he podido sobreponer mi voluntad. Pero tales consideraciones se las dejaremos a los intérpretes psicoanalistas y sigo convencido que me he percatado de una verdad ignorada—algo que verdaderamente me revuelve el estómago.Es momento de entrar en detalles. Iba caminando por la avenida central, hace dieciocho días para ser exactos, distraído por los vaivenes de la gente metropolitana; un pasatiempo que nunca ha de cansarme. Mirar esa multitud de extraños extraviados, vociferando contra los autobuses que se saltan el alto, hombres silbando a las mujeres, madres comprando el juguete de moda que venden los ambulantes, amigos hablando entre sí con sonrisas, hombres seduciendo a mujeres que rechazan otro halago falso, mujeres que mueven su pompis con el paso de cada tacón, los niños abstraídos con el vuelo de palomas, todos esos personajes innumerables que uno se puede topar en las calles, mientras cada uno de ellos sigue como a un dictado escolar los comandos de su rutina. Ese día no estuve por la ciudad con el fin único de captar todas imágenes efímeras de la vida cotidiana de las masas, sino que tenía la necesidad de recoger unos zapatos de vestir que estaba enmendando el señor Gutiérrez, propietario de una anticuada y pequeña zapatería, no de las que venden zapatos pero donde arreglan los mismos. Cuando llegué a su pequeño local había una pequeña fila, el señor Gutiérrez estaba atendiendo a una señora encorvada de sesenta años, de un pelo atigrado con manchas blancas y negras, impresión que solo pude explicar como efecto de reiteradas teñidas de pelo hechas en casa, y probablemente sin un espejo. Después de la pequeña señora se encontraba un regordete de considerable altura con un bigote negro y tieso que le cubría el labio superior. Su camisa tenía varios huecos y no le llegaba a cubrir toda su espalda. Sobre los jeans se asomaba una hendedura perpendicular al borde de esos apretados pantalones, lo que me hizo lamentar que su camisa fuera tan corta y expusiera tan sutilmente su peluda naturaleza. La cuestión es que estaba esperando en fila mientras mis ojos exploraban lo cotidiano cuando paran dos jovenzuelos recién salidos del colegio y se quedan platicando por la puerta del local. Sin intención ni esfuerzo su conversación fue registrada por mis oídos y lo que expresaron me llegó a trastornar. Los jóvenes conversaban sobre su futura educación, las razones por las que hay que optar por carreras lucrativas y prósperas, los futuros bienes materiales que tendrían, la cantidad de hijos que engendraría cada uno y la edad que esperarían morir. No puedo fundamentar mi enojo e irracional desasosiego que experimenté en esos momentos. Los dos continuaban en su conversación, optimistas, pragmáticos, centrados, como si tuvieran ochenta y cinco años y conocieran más allá de toda duda la trayectoria del mundo. Era ajena esa actitud a mis treinta y cinco años, no podía concebir como cualquier persona honesta puede desde sus deseos actuales y pasajeros programar todo el esquema de su vida. El señor Gutiérrez me despertó de mis sombrías meditaciones con un retumbante ‘eeyyy’, del que reaccioné con ingenua mirada y me acerqué al mostrador para retirar mis zapatos negros con una boleta blanca que sostenía en mi mano.Salí del local taciturno, un poco molesto e inquieto. Tal vez no he sido suficientemente explícito en mi narración y deben estar preguntándose porque un episodio ordinario como el anterior me haya llegado a afectar tanto. Es posible que pocas cosas ocupen más de mi pensamiento que la soledad y la muerte. No quiero aquí asustar a nadie ni exponerme como una de esas desamparadas almas que navegan entre depresión y depresión a raíz de su pesimismo y cinismo. Mi metodología con estos temas es sumamente sana y productiva, no trato de extraer argumentos para asediar esta ya agitada vida, sino encuentro en esos inauditos temas las fuentes de inexplicables revelaciones y extáticas emociones. La soledad no me ha parecido nunca tan insoportable, siempre la considero como la oportunidad para estar en contacto directo con aquello que somos, un tacto silencioso con este coloso mundo. La muerte es simplemente la advertencia que nos obliga a despertar de nuestra cómoda burbuja de quehaceres y distracciones, se trata de una sombra, un trazo oscuro entre este mundo de luz y colores, es lo que permite ver la silueta de todo lo que está vivo. Resulta fundamental para mí redescubrir ese contacto primordial con el mundo más que esquematizar la vida en abstracciones ilusorias.Así es que caminé por lo que pudieron ser dos o tres horas y en cada rostro metropolitano notaba esa inagotable sed por hacer cosas, construir, producir, reproducir, generar y gastar. No veía a nadie contemplando las nubes que rayaban el cielo encorvado, no había rastro de algún ser apasionado por el movimiento de las hojas en un árbol, o el sonido de la lluvia sobre los techos de zinc, o el vuelo fortuito de una mosca, o la suavidad de la tierra mojada. Todos estaban ocupados haciendo algo y si acaso solo los locos y los niños se detenían por segundos a apreciar un mundo extraño y encantador. ¿Dónde está ese asombro que experimentamos cuando pequeños?Y ya sé lo que muchos dirían. Déjate de vainas, póngase serio y olvide todas esas preocupaciones fútiles e innecesarias. La vida está aquí para vivirla, no para cuestionarla y explicarla. No entiendo muy claramente porque este mundo moderno a veces me revuelve el estómago y me hace nauseabundo. Solamente sé que yo no quemo candelas solo para quemarlas, yo las prendo para poder ver en la oscuridad. Y si esta vida es una candela, no vengo aquí a gastarla, más bien la enciendo para apreciar mejor lo que ella misma revela, es una oportunidad para explorar lo que ha estado por eternidades en la oscuridad y ahora se hace visible con nuestra presencia.

Esto es una promesa
porque
cada palabra nueva está muerta
ya no existen motivos para defender
la vida como real
es mejor
dejarla caer en débil sueño
dejarla ahogada
esto es una promesa
de retroceder hasta la apertura
condenar todo nacimiento
a innecesario esfuerzo
deja esa vieja cosa
sueña en silencio
para que cansar más a la historia
con otro sufrimiento
esto es una promesa para morir con los años
dejar el aire a los que ven frutos
entre nada y nada, vida y muerte
sostener la vida como libro no leído
ser mosca desaparecida
como las cosas pequeñas
que vienen y van
sin mucha atención
It seems to be I am locked inside this excessive silence. That while I look up into the hazy azure of the sky or into the windy skies of night I discover an impenetrable void, a silence that cannot be breached, a solitude that is here to stay. My arms plead with desperation for a sign, my ears are on a pilgrimage in search of a sacred word – a confirmation that life can be trusted. A revelation or miracle that can transform these wild gyrations of nonsense into a lively and trustworthy universe. Long tunnels of agony and atrophy seem to be the destiny of those that aspire to awaken and revive human life from its muddled lethargy. But being trapped inside an inescapable chasm, I have only the ignoble expanse of space to address and all of creation turns its back on me and answers back in SILENCE. I am not insightful enough to interpret my own frustrations, I cannot tell if it is a general trend in this new age or if I stand alone in this inexplicable confusion. Furthermore, the only remedy comes in strings of lyrical eruptions that at first sight seem vague and meaningless, but are in fact projections of the real ambiguity and hollowness that resides deep within. It is unnecessary to find coherence when one is no longer servant to the tyrant of reason, it is superfluous to propound theories when the intellect is too weak to grasp reality. So, the image is inevitable: floating in cold nothingness, silent solitude. A journey through emptiness, a constant motion through space finding every now and then a naked planet, an aura of beauty and patiently collecting the dust of time in expectation of a glorious sun – surrendering to the all-powerful ground of being.

El resto está viviendo sus vidas
yo, reservado
observo y cuento los actos
me alimento de los ecos
me resbalo como sombra entre multitudes
contemplo el presente expirado,
embriagado con su monotonía
soy nada arbolada entre todo quehacer
Regresó a casa con nubes de sonidos,
sonrientes mis vellos de cada roce
con ese mundo agitado pero simple:
tal como la llama fulgente
azotada entre oscuridad y brisa
pero siempre en anaranjada calma
Y duermo entre cada una de esas vidas
despierto acompañado de silencio
reflejando los tonos fluctuantes
las imágenes ahumadas
Mirando el vapor del tiempo
todo se mueve
y sin resistir,
yo ya no aspiro por otra cosa
que el reflejo de este instante

(photo by Ryan Moss)
The end.
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