en el parque

Estoy cansado
sentado un parque
de noche pura
cansado de utilizar
palabras añejas
para todas estas cosas
que apenas nacieron hoy


el árbol sin hojas
una luna lejana

 

dos versos exhausto
quedé, que este mundo extraño
nadie aun le ha inventado
un alfabeto ni mucho menos
han discernido los pasos
huecos y sublimes
de una marcha
cuyos poemas revelarán

 

el parque con la luna
la noche con el árbol

 

como cosas nuevas
aun sin nombre.

la mesa – o fracción de ella

La mesa
con su color
y un poco de resfrío
verde con ganas de rojo
estrecha, tumbada
en el cuarto que nadie visita
justo esta mesa, o fracción de ella
babeando una sangre amarga
llorando las lágrimas de existir
con dos latidos sonoros
hechos de viejos testamentos
la mesa o alguna de sus cuatro patas
la tercera, tal vez, detrás del vínculo invisible
confiando que la cuarta y la segunda
la odian, la primera perdida
como la última oración de un libro
la mesa
lejos de la confabulación
incapaz de soportar ni un solo pelo más
reina del rectángulo inservible
verde a veces verificablemente vacía
la mesa donde llegaré a morir algún día.

lo que sobrevive

desasosiego poema

El cielo se acabó
se llevó consigo el mundo entero
y ni siquiera me dejó un asiento
para descansar este fútil cuerpo;
me tomó toda una vida
definir la vida misma –
no lo logré.

 

 

en mis manos quedaron
las manchas de angustias
adentrándose en las cicatrices
de otras estupideces
y aunque el mundo expirara
con el egoísta cielo
mi desasosiego sigue creciendo puro e infinitamente
ya que ahora no tiene frontera
ni obstáculo
que detenga su expansión.

los augurios

Como una bomba
fue el despertar violentamente
del sueño
mire atrás y habían tres mil millones en fila
al frente otros tres mil millones
todos dormidos, sumergidos
en el sueño compuesto de materia
caminaban lentamente sin quejarse
sobre la línea que demarcaba la fila
con gran esfuerzo intente mirar
el origen de la fila
solo vislumbré una anónima multitud de caras
con igual intención trate de ver hacía donde iban
todos los millones
— nada se sabía ni nadie sabía
no existía ningún indicio del origen o destino
de tan abultada masa
y mientras todas estas revelaciones
invadían la sangre desconocida de mi cuerpo
la fuerza de los millones me obligaba a seguir caminando
en la misma dirección que los demás
era una prisión hecha de pieles y sonámbulos
resignado, seguí caminando con los ojos abiertos
componiendo los augurios
de lo que nunca va a cambiar.

Suele suceder

 

 

Era una de esas noches,
una más entre todas las noches
tantas veces envolviendo la acostumbrada monotonía
de los hábitos
tantas agonías bautizadas con nombres y apellidos
de los que existieron para nunca más existir
y yo sentado aquí viviendo otra noche
de una sutil transparencia
casi inmóvil, cuando se espera que sea día
solo para que luego esperar
alguna otra noche
y en ese ciclo de irrelevancia
me siento aquí como muchas otras veces
sabiendo que nada nuevo va a suceder
por lo que miro la renovable crudeza
con la que se repiten todos estos objetos
resuelto a vivir con las triviales concupiscencias
del Destino.

Aspectos de un anzuelo

La tierra se abrió
un abismo de luz
como el etcétera del mañana
en ese campo de posibilidad
miré con asombro y pueril tentación
el objeto de aspecto personal
es el reflejo en mis ojos
           de mi otro reflejo
las cosas saben a costas marítimas
sus puntas emergen de forma enigmática
es válido hablar de ellas como anocheceres
y tocar – estas cosas – al son de un génesis
pero no queda de otra, fatigarse
entre las acrobacias del tiempo
permanecer vivo pero acostado
en esta vida empapada de hipótesis
… era … sentía yo…
desprender un anzuelo
al corazón puro del misterio
y
esperar … algún acontecer. . .

La inefabilidad

Dos luces
son la protuberancia de mi visión
al costado
la cerveza checa casi agotada
no soy el único
si yo picoteo el papel con una punta
otros punzan el piso con sus pies
y por su efímero movimiento
mis dos luces
confiesan la fragilidad de su fuego
mientras tanto la atmósfera de mi cabeza
recibe el fondo ambiguo de conversiones ajenas
conjuntamente con los zumbidos modernos de un techno
la variedad de mis temores oscila
entre la potente metafísica del libro a mi izquierda
y la interrogante de quién o qué soy
el propósito actual es escribir un poema
amplio como este irrepetible momento
que ni yo ni otro volverá a tener
y como las cosas en frente
tienen una piel alucinógena
no por la cerveza que casi termino
sino por su inconcebible hecho de existir
entre tanto, acaricio mi bigote que se siente
como un animal vivo reposando en mis labios
y el viento crudamente viajando sin color
sobre las hojas y los techos del mundo
todo esto, es
– si las proposiciones son válidas –
aspectos de una terrible vida
una colección de datos insuficientes
que intentan representar
la abundancia
de la existencia
y la impotencia inherente
de convertir este fenómeno
en cosas habladas.

condición de libre

Mas pesa aun  

los tugurios de la razón 

encuestados, siendo el día 

claridad irreprochable de angustia que late 

recojo los platos sucios 

con barro del siglo pasado en los pies 

¡a crecer el maíz para los años venideros de polvo! 

un paso atrás 

justo con la apariencia de una duda 

se levanta la antorcha 

dónde caminan los sedientos de imitaciones 

canta el fin de otra semana 

la lombriz de tiempo 

¿ acaso vine aquí a creer? 

me recojo con toda la autoridad de una sombra 

el panorama se tiñe con colores impronunciables 

doy cuatro pasos al frente

dejo otro poema atrás: sigo libre .

cuanto más

 

 

Choque,  ¿existiré?

en un mediodía ártico

las caras, atardece el continente

madre, ¿qué son las noches?

ayer salí por tantas calles

habían tantas nubes

caballeros, ¡ya no puedo competir más!

el pie izquierdo me duele de tanta cárcava

oye, quién cae primero al fondo

ahóguense máquinas de piel

para cenar el hielo del seno

solitario como el impaciente cáncer

de una medianoche antártica

exhausto, ¿resistiré?

con el eje del planeta

que atraviesa justo medio

      de mis entrañas

duele, dolor planetario

cada segundo gira,

produciendo el dolor

de un orgasmo arrepentido

un éctasis malgastado   

¿dormirán? aquel amigo distante

los indígenas que nunca llegan a visitar

acostado, porque las últimas horas de los respiros

son gotas armoniosas de tregua

antes y por el después

justo aquí he de quedar .

en la poética ciudad

 

 

Permanezco en el capullo de abundante privacidad

las textura espumante del pensamiento

               ¡muévete cabrón!

en las delicias de un oscuro sentimiento dominical

envejece la piel a párpados del reloj

                ¡a la mierda!

con los húmedos relámpagos de aquella tristeza

vibra en humo la vecina nostalgia

                ¡me pisaste idiota!

tanto la música y el desorden enriquecen

las fructíferas venas de mi recorrido

                ¡detente, esta es mi parada!

coloquialmente colocando los adjetivos

sobre el manto del vaivén de rosarios

                ¡suelta mi billetera, ladrón!

porque el lustre de cada minuto

es sinónimo de la más pura poesía

               ¡aléjate comadreja!

así en el caótico zumbido metropolitano

trato cada cosa con su merecido nombre.