lo que sobrevive

desasosiego poema

El cielo se acabó
se llevó consigo el mundo entero
y ni siquiera me dejó un asiento
para descansar este fútil cuerpo;
me tomó toda una vida
definir la vida misma –
no lo logré.

 

 

en mis manos quedaron
las manchas de angustias
adentrándose en las cicatrices
de otras estupideces
y aunque el mundo expirara
con el egoísta cielo
mi desasosiego sigue creciendo puro e infinitamente
ya que ahora no tiene frontera
ni obstáculo
que detenga su expansión.

Aquella… esperanza?

 

con las cicatrices del precipicio 

   me acerco a estas orillas 

traigo la sangre seca en mis brazos 

  recuerdo bien el sentimiento de caer 

          el desencanto de regresar 

    y la necesidad de seguir 

reconozco las arrugas de las paredes 

         en la oquedad de otra derrota 

la sucia lágrima que renunció 

           y se evaporó sin obituario 

ese polvo en la circunferencia de mis labios 

     esa palabra que nunca pude pronunciar…

 La angustia fosilizada
que quedó como el epitafio de mi trayectoria:
     ¿pero aún sigo caminando?
                    ¿aún distingo esa lejanía llamada… esperanza?

Una migaja

El mundo entero es como esta 

         borona de tierra

que limpio de mi uña pulgar derecha;

cuando todavía era joven

hubiera pensado que en esa migaja

se encontraría una minúscula semilla de trigo

y al caer en la humedad terrestre 

        crecería,

pero ahora que la barba empieza a

crecer 

     sobre mis neuronas

el mundo entero  

       descuidadamente

lo elimino de esa apertura

             al final de mi pulgar

y cuando cae,
 
 

                         lo majo.

¿Cuál es la prisa?

Me encuentro sentado

      esperando un café
afuera, la guerra continua

     en las alturas lejanas las galaxias se trituran unas a otras

sabes, como cuando una tragedia se aproxima

 y no hay acción, sola una lenta espera

       hasta que el momento anticipado llega-

estoy mirando – esto tan eterno

           y la lucha sigue afuera, la gente corre

la gente se tropieza y se arrastra hasta un árbol

        míralos
pienso en silencio.

Que difícil ser hombre,
       como lucha contra sí mismo  
resiste, tembloroso a mirar el vacío que rellena tanto terreno.

    El café llega y mi vecino corre espantado del silencio de mis ojos
¿tan difícil es: detenerse?  Dejar que las cosas sucedan por sí solas…

        Anduve ayer por la llanura,
un llano quieto, un cambio despacio – la niebla pronuncia sílabas
                                                                           en décadas
el monte crece como mi barba, quién los detiene;
            ayer era como el agua transparente
un rocío sin destino previsto: evaporarse solo si calienta el día

Espérenme, ya terminé mi café
      ya me sacudo mi camisa
salgo por la puerta        
        y me pondré a correr con ustedes

Pero nadie todavía me ha respondido: ¿Cuál es la prisa?

Poemas Nihilistas