un charco de hedonismo

Arco flácido

Me gusta tocar ese lugar,
curvo y blando, oculto –
que esconde el deseo.
Es magia,
que la piel roce
una fantasía y erija un obelisco.
No es morbo
sentir un relámpago extinguirse
debajo de la sangre.
Sucede y uno respira
como un árbol de hojas erizadas.
El peso de la esencia
deja glaseado el nuevo
flácido arco.
No hay que esperar siglos
para que aparezcan
monumentos al placer.

 

 

 

Poesía Nihilista

piel y ceguera

Sex on the beach

remo
en mar
oscila en lenguas
como sexo deleznable
sobre las angostas lentitudes
de un gemido crepuscular
miro con asombro tu concavidad
mío es el pensamiento que se derrama
sobre el vientre de tu incredulidad
éramos dos hebras de íntima descomposición
haciendo con lo efímero lo que se hace
con la eternidad
destinados a navegar hacia el sueño
guiados por el estrellado zodiaco del orgasmo
al final de un dialogo de piel y ceguera.

 

 

Poesía Moderna

mandatos del deseo

Dos Luces en Noche

Quiero sentir

la tierra como un tatuaje rojo
rompiendo mis venas
hasta tocar el hueso de la existencia

quiero sentir

la piel mojada del cielo
sembrar la ciudad del siglo 21
en una antología de orgasmos

quiero sentir

la sal de una huida
cuando el sudor de convicto
nace seco en una cara sin oasis

quiero sentir

dos luces en amarillo
en el hiato de una noche
mientas leo la biblia de un silencio

 

poesía siglo XXI

cuanto más

 

 

Choque,  ¿existiré?

en un mediodía ártico

las caras, atardece el continente

madre, ¿qué son las noches?

ayer salí por tantas calles

habían tantas nubes

caballeros, ¡ya no puedo competir más!

el pie izquierdo me duele de tanta cárcava

oye, quién cae primero al fondo

ahóguense máquinas de piel

para cenar el hielo del seno

solitario como el impaciente cáncer

de una medianoche antártica

exhausto, ¿resistiré?

con el eje del planeta

que atraviesa justo medio

      de mis entrañas

duele, dolor planetario

cada segundo gira,

produciendo el dolor

de un orgasmo arrepentido

un éctasis malgastado   

¿dormirán? aquel amigo distante

los indígenas que nunca llegan a visitar

acostado, porque las últimas horas de los respiros

son gotas armoniosas de tregua

antes y por el después

justo aquí he de quedar .