últimas luces

Los cielos
son una marea
de lluvia
en total silencio
con un ave
despegando de un árbol
volando hacia una elevación
donde todo lo terrestre
es sueño cristalino
esta es la muerte
son noches puras
aguas en sinfonía
reflejos y perfección
de todo lo que fue
de todo lo que
sentí .

 

 

 

poesía contemporánea

en la profundidad

Una ave blanca

pura como el vuelo

se convirtió

en fondo negro

y alzó sus alas

dentro de mí

en un cataclismo ligero

suspendido casi

sobre la eternidad vacía

del alma olvidada

la mesa – o fracción de ella

La mesa
con su color
y un poco de resfrío
verde con ganas de rojo
estrecha, tumbada
en el cuarto que nadie visita
justo esta mesa, o fracción de ella
babeando una sangre amarga
llorando las lágrimas de existir
con dos latidos sonoros
hechos de viejos testamentos
la mesa o alguna de sus cuatro patas
la tercera, tal vez, detrás del vínculo invisible
confiando que la cuarta y la segunda
la odian, la primera perdida
como la última oración de un libro
la mesa
lejos de la confabulación
incapaz de soportar ni un solo pelo más
reina del rectángulo inservible
verde a veces verificablemente vacía
la mesa donde llegaré a morir algún día.

Aspectos de un anzuelo

La tierra se abrió
un abismo de luz
como el etcétera del mañana
en ese campo de posibilidad
miré con asombro y pueril tentación
el objeto de aspecto personal
es el reflejo en mis ojos
           de mi otro reflejo
las cosas saben a costas marítimas
sus puntas emergen de forma enigmática
es válido hablar de ellas como anocheceres
y tocar – estas cosas – al son de un génesis
pero no queda de otra, fatigarse
entre las acrobacias del tiempo
permanecer vivo pero acostado
en esta vida empapada de hipótesis
… era … sentía yo…
desprender un anzuelo
al corazón puro del misterio
y
esperar … algún acontecer. . .

La inefabilidad

Dos luces
son la protuberancia de mi visión
al costado
la cerveza checa casi agotada
no soy el único
si yo picoteo el papel con una punta
otros punzan el piso con sus pies
y por su efímero movimiento
mis dos luces
confiesan la fragilidad de su fuego
mientras tanto la atmósfera de mi cabeza
recibe el fondo ambiguo de conversiones ajenas
conjuntamente con los zumbidos modernos de un techno
la variedad de mis temores oscila
entre la potente metafísica del libro a mi izquierda
y la interrogante de quién o qué soy
el propósito actual es escribir un poema
amplio como este irrepetible momento
que ni yo ni otro volverá a tener
y como las cosas en frente
tienen una piel alucinógena
no por la cerveza que casi termino
sino por su inconcebible hecho de existir
entre tanto, acaricio mi bigote que se siente
como un animal vivo reposando en mis labios
y el viento crudamente viajando sin color
sobre las hojas y los techos del mundo
todo esto, es
– si las proposiciones son válidas –
aspectos de una terrible vida
una colección de datos insuficientes
que intentan representar
la abundancia
de la existencia
y la impotencia inherente
de convertir este fenómeno
en cosas habladas.

Repetición y el caos

caer en una dulce ironía

contento de sufrir

eufórico de esta constante monotonía

— es este el discurso del contemporáneo —

es una notable hazaña

crear una civilización de hambre

hambruna por la belleza

inanición y agotamiento

carentes de la gota sagrada

¿cómo la llaman? – pasión

arrasamos los árboles y la sorpresa

escribimos ciencias, escondidas melancolías

porque hace un tiempo el universo era

muralla

intransitable piedra;

pero qué estoy hablando

no es oportuno tener que repetir

todos los días, las mismas cosas

encallecer los ojos y ver solo objetos

relaciones, tal vez coincidencias

mira hijito,

somos es último escalón de la evolución;

pero hombrecito, dice la desnuda verdad

estamos al fondo de un precipicio

dulce ceguera, quién quería admitirlo.

El avión

El avión se vio de mi ventana

de fondo el impresionismo de un sueño

se hacía y deshacía, el cielo, la nube, el tiempo

con la ley de una física

la sombra y la luz sobre el avión

el instante era oro

    una pluma cayendo… despacio

una dulce repetición

      otro, ¡otro avión!

otra totalidad, otro rincón

nada más existe – imposible.

Hay demasiado, incontenible reflejo

       ¿Cómo podré abarcar tanta luz?

la nube, el avión, el movimiento y la sombra.

Ahí están… ¿ahí están?

Poemas Nihilistas

La causa y el efecto

Era la noche 

 una noche con vientos inquietos 

llegó la noche 

      esa ventana de escape 

donde uno deja todo atrás 

        y se pierde el mundo en una fugaz nube de ebriedad. 

¿era la noche que me hacía un desenfrenado? 

    ¿o era mi desenfreno que hacía de mi día… una noche?

Aquella… esperanza?

con las cicatrices del precipicio 

   me acerco a estas orillas 

traigo la sangre seca en mis brazos 

  recuerdo bien el sentimiento de caer 

          el desencanto de regresar 

    y la necesidad de seguir 

reconozco las arrugas de las paredes 

         en la oquedad de otra derrota 

la sucia lágrima que renunció 

           y se evaporó sin obituario 

ese polvo en la circunferencia de mis labios 

     esa palabra que nunca pude pronunciar…

 La angustia fosilizada
que quedó como el epitafio de mi trayectoria:
     ¿pero aún sigo caminando?
                    ¿aún distingo esa lejanía llamada… esperanza?

Lo que nadie vió

Una anatomía del tacto 

o que se desliza por su espalda 

lo que no llega a sus nervios 

desconoce 

los ensueños que se desenvuelven 

ajenos a la percepción. 

Cuando volví a ver atrás 

– para saber que sucedía – 

ya todo había pasado 

y mi gozo no pudo ser mayor: 

el mundo vivía sin mi  

era libre y nadie ni nada 

             sabía mi nombre.