cien años

Al fin llegó el día

todo se había logrado

trabajar, enlazar

proyectar y desesperanzar

eran cosas del pasado

llegó el día

que de alguna forma

había buscado toda mi vida

pero también

lo temía

era ese momento cuando

no había nada más que perseguir

todo lo que quería se había concretado

fue en ese entonces

cuando un silencio invadió

mis entrañas

como una neblina que cae entre edificios

sin avisarle a nadie

era un silencio y una calma

que me permitía permanecer acostado

el tiempo y las mareas perdieron relevancia

era como si la muerte se acercara lentamente

irrevocablemente

y no quería lamentar ni llorar

simplemente

esperar

acostado lo que fuese que llegara

aunque sea dulcemente la muerte

o el tejido de cien años más.

El avión

El avión se vio de mi ventana

de fondo el impresionismo de un sueño

se hacía y deshacía, el cielo, la nube, el tiempo

con la ley de una física

la sombra y la luz sobre el avión

el instante era oro

    una pluma cayendo… despacio

una dulce repetición

      otro, ¡otro avión!

otra totalidad, otro rincón

nada más existe – imposible.

Hay demasiado, incontenible reflejo

       ¿Cómo podré abarcar tanta luz?

la nube, el avión, el movimiento y la sombra.

Ahí están… ¿ahí están?

Poemas Nihilistas

La causa y el efecto

Era la noche 

 una noche con vientos inquietos 

llegó la noche 

      esa ventana de escape 

donde uno deja todo atrás 

        y se pierde el mundo en una fugaz nube de ebriedad. 

¿era la noche que me hacía un desenfrenado? 

    ¿o era mi desenfreno que hacía de mi día… una noche?

Aquella… esperanza?

con las cicatrices del precipicio 

   me acerco a estas orillas 

traigo la sangre seca en mis brazos 

  recuerdo bien el sentimiento de caer 

          el desencanto de regresar 

    y la necesidad de seguir 

reconozco las arrugas de las paredes 

         en la oquedad de otra derrota 

la sucia lágrima que renunció 

           y se evaporó sin obituario 

ese polvo en la circunferencia de mis labios 

     esa palabra que nunca pude pronunciar…

 La angustia fosilizada
que quedó como el epitafio de mi trayectoria:
     ¿pero aún sigo caminando?
                    ¿aún distingo esa lejanía llamada… esperanza?

Lo que nadie vió

Una anatomía del tacto 

o que se desliza por su espalda 

lo que no llega a sus nervios 

desconoce 

los ensueños que se desenvuelven 

ajenos a la percepción. 

Cuando volví a ver atrás 

– para saber que sucedía – 

ya todo había pasado 

y mi gozo no pudo ser mayor: 

el mundo vivía sin mi  

era libre y nadie ni nada 

             sabía mi nombre.

La proporción

La tengo en frente,

     la abrazo con fuerza

es innegable que la tengo en mis manos.

Estoy solo en mi amor por ella

             esta cosa desconocida

que solo yo conozco en mi delirio.

Lo que siento…

     se escapa como la mariposa

que percibió un sonido extraño.

En la calle de al frente o cualquier otra,

      un asfalto cualquiera – con este dedo

la penetro y la calle se empieza a derretir;

       porque solo puedo amar aquello que se descompone

 conmigo.

Y respirar – lo hago en trueque:

   un respiro por cada gramo de mi ser

que se vuelve ceniza invisible.

Hoy me di cuenta que soy un hombre,

       en proporción a la velocidad

             de mi desaparecer.

una cierta indestructibilidad

Es hora de buscar

 una cierta indestructibilidad

comenzar a jugar una vez más

   con un escalofrío de fantasía-

si consiguiéramos la esperanza

    de poder borrar

un poco de lo que somos.

De niño me acuerdo

     penetrar  mis propias venas

desvanecer como la bruma de una catarata blanca

  levitar sobre la miseria

de un innecesario cuerpo.

 

Ser indestructible es… volver a volar.

Por tercera vez

Me senté por tercera vez

donde hace mucho

consideré entender

la eternidad

escuché de nuevo

el paso del reloj

sentí adentro el pasar

el pudrir

un átomo consumiéndose

con el paso de la aguja

pero la eternidad

no la volví a encontrar –

¿estaría embriagado

cuando pensé

que la vida es simplemente el proceso

donde percibimos

las cosas que hemos de dejar atrás,

estaba ya loco cuando

dije:

sin aliento

el pulmón conoce la felicidad?

Poemas Nihilistas

El poema inexistente

Que viviré solo 

     soy el poema que sobrevive

la muerte de todos los que una vez

       leyeron estas líneas

que soy libre,

        como el que nunca nace y nunca

                                muere

ya que puedo recordar la historia entera

            tal como el recorrido de una nube etérea

     como puedo alcanzar la noche 

               en el glóbulo de cada día

           como conozco el incienso eterno

                     de la intangible oscuridad

mi labor como poema es…

           afinar la marcha errática del hombre

  mi sueño es… volver todos los ojos a su interior   

                       desaparecer con todos

          en un baile invisible

mi fin es…

               hacer presente lo sublime

             en cada consumo de percepción

y aun así muero a diario… cuando 

           ilusorio tiempo deshaga cada ojo 

     que palpó una palabra aquí y otra allá

cuando la necesidad de regresar

                al sereno abismo   

                   se haga dueña de todos.