a matter of things

Behind_Matters

It’s in the ambivalent
sense
of the word
terrific
that I encounter
the
ordinary
the plain
matter-of-fact
objects
that surround us
like fences
of yesterday
the external
inanimate junk
that seems
simultaneously
a reflection
of the sublime
the objective wasteland
that is
proportional
to the subjective Edens
it is in that sense
of duality
that
I see all things
as
the nascent
finite infinity.

 

 

 

Nihilistic Poetry

El poema inexistente

Que viviré solo 

     soy el poema que sobrevive

la muerte de todos los que una vez

       leyeron estas líneas

que soy libre,

        como el que nunca nace y nunca

                                muere

ya que puedo recordar la historia entera

            tal como el recorrido de una nube etérea

     como puedo alcanzar la noche 

               en el glóbulo de cada día

           como conozco el incienso eterno

                     de la intangible oscuridad

mi labor como poema es…

           afinar la marcha errática del hombre

  mi sueño es… volver todos los ojos a su interior   

                       desaparecer con todos

          en un baile invisible

mi fin es…

               hacer presente lo sublime

             en cada consumo de percepción

y aun así muero a diario… cuando 

           ilusorio tiempo deshaga cada ojo 

     que palpó una palabra aquí y otra allá

cuando la necesidad de regresar

                al sereno abismo   

                   se haga dueña de todos.

Mi Ventana

Mirar afuera era la única tranquilidad que podía cosechar dentro de mi angustiosa convicción de que el mundo era viejo, inútil y testarudo. Mirar a través de la ventana que se va nublando con los añejados cansancios, las trepadoras inercias que tapan el invisible del vidrio y ahogan el fragmento del momento con su inexorable oscuridad. Mirar las hojas salvajes bailar al tempestuoso ritmo del viento, sorprender a un insecto en su vuelo errático y absurdo, o quizá, ver humedecerse las partículas de atmósfera con el acercamiento de una feliz tormenta. Existía ahí afuera algo sublime y encantador, algo ajeno a la repetición de apagados pensamientos; dirían otros que estábamos envueltos por un sueño que nunca podremos acceder o entender– nuestro territorio se limita a la cruda realidad de lo ordinario. Con los años de mirar y mirar, el cuarto se tornaba cada vez más insustancial y lo que había afuera era lo único merecedor de atención y dedicación. ¿Estaba buscando algo inmortal, algún gozo inmaterial que me haría olvidar la monotonía de mi desgasto? Las respuestas siempre son incompletas y casi innecesarias, porque la misma naturaleza del universo es inseparable del misterio, la incógnita reinará sobre las ciencias y filosofías por el resto de la historia. Así que yo solo veía, veía las gotas del sol que visitaban en intervalos de éxtasis. La nubosidad de recuerdos me guiaba por el crecimiento de un arbusto que hoy día era un árbol completo: el cambio era la melodía de este sueño, el que reside dentro del cuarto y el que se desenvuelve al otro lado de mi solitaria ventana. Porque al fin y al cabo, ambas esferas son tan deleznables como un sueño pintado por el aliento de ángeles subterráneos. Mi función si acaso se limitaba a contemplar ese largo drama que surgía espontáneamente afuera de mi ventana y dentro de las paredes de mi pasajero cuarto…