las cosas de ayer

poesia delirio

Ayer me desperté
desesperado
a las orillas de un delirio
mi mano se extendió
atravesaba casas,
el parque de algún vecindario
luego cruzó ciudades
sobrepasó el copete
de un continente
y seguía su excursión
hasta llegar al sol
donde sintió una pelusa de fuego
y en terror se recogió
hasta llegar a mi costado
con olor a eternidad,
miré el mar de imprecisión
que me rodeaba
lentamente me arrastraba
con sus olas hechiceras
hasta terminar flotando
sin esfuerzo
sobre su superficie inconstante
mis cabellos cada vez más
húmedos
con el roce de sus aguas nocturnas
sostuve mi respiración
y en un parpadeo
de mis ojos lacrimosos
me sometí al descenso
a lo profundo
donde vi mi otra vida
como algo
inútil
e innecesario.
 
 
 

poesía contemporánea

en la profundidad

Una ave blanca

pura como el vuelo

se convirtió

en fondo negro

y alzó sus alas

dentro de mí

en un cataclismo ligero

suspendido casi

sobre la eternidad vacía

del alma olvidada

Intervalo

sentimiento existencia

Y este dedo
que se desliza
debajo del ojo
sintiendo la masa
de piel
como una tierra
hecha de carne
todo es todo
hay que cerrar los ojos
cerrar los ojos
para tenerlo todo
cae de mi frente
el sudor frío
de un doloroso éctasis
si no es santidad
debe ser
una corriente
emanando de
los vientos primordiales
que zumbaron
entre los hemisferios
de la primera noche,
hay que cerrar los ojos
y sentir
la carne con su sangre
la música con su vino
la vida con su muerte
todo con todo
a las orillas
de un silencio.

pasos y pasos

lejania alma

Pasos, pasos
y una furtiva mirada
tal vez,
entre ojos y ojos
horas y horas
extrañando los nombres
que nunca tuve
perdiendo las vidas
que no fueron mías
pasos lentos
una nota de piano
como esa nieve
lejos de todo,
mi alma cósmica
entre reojos
entre horas
tan lejos de todo.

¿Cómo existir?

No_se_Existir

 

 

La poesía es mi tercer solitario ensueño
similar a la vida borracha de símbolos
o al sueño cansado de cronología
así, la vida, los sueños y la poesía
son todos, con igual probabilidad
la temible alucinación de una sombra humana
que desliza un frágil dedo sobre el polvo existencial
exponiendo la superficie gris y hueca
y al llegar el dedo al borde
resbala y cae en una profundidad fría y alegre,
y como no queda más nada
el verde de la hora
se distrae con la neblina de adjetivos
y la sustancia intocable de versos
inventando un nuevo mundo
donde ni siquiera yo
estoy seguro de existir.

la mesa – o fracción de ella

La mesa
con su color
y un poco de resfrío
verde con ganas de rojo
estrecha, tumbada
en el cuarto que nadie visita
justo esta mesa, o fracción de ella
babeando una sangre amarga
llorando las lágrimas de existir
con dos latidos sonoros
hechos de viejos testamentos
la mesa o alguna de sus cuatro patas
la tercera, tal vez, detrás del vínculo invisible
confiando que la cuarta y la segunda
la odian, la primera perdida
como la última oración de un libro
la mesa
lejos de la confabulación
incapaz de soportar ni un solo pelo más
reina del rectángulo inservible
verde a veces verificablemente vacía
la mesa donde llegaré a morir algún día.

Aspectos de un anzuelo

La tierra se abrió
un abismo de luz
como el etcétera del mañana
en ese campo de posibilidad
miré con asombro y pueril tentación
el objeto de aspecto personal
es el reflejo en mis ojos
           de mi otro reflejo
las cosas saben a costas marítimas
sus puntas emergen de forma enigmática
es válido hablar de ellas como anocheceres
y tocar – estas cosas – al son de un génesis
pero no queda de otra, fatigarse
entre las acrobacias del tiempo
permanecer vivo pero acostado
en esta vida empapada de hipótesis
… era … sentía yo…
desprender un anzuelo
al corazón puro del misterio
y
esperar … algún acontecer. . .

condición de libre

Mas pesa aun  

los tugurios de la razón 

encuestados, siendo el día 

claridad irreprochable de angustia que late 

recojo los platos sucios 

con barro del siglo pasado en los pies 

¡a crecer el maíz para los años venideros de polvo! 

un paso atrás 

justo con la apariencia de una duda 

se levanta la antorcha 

dónde caminan los sedientos de imitaciones 

canta el fin de otra semana 

la lombriz de tiempo 

¿ acaso vine aquí a creer? 

me recojo con toda la autoridad de una sombra 

el panorama se tiñe con colores impronunciables 

doy cuatro pasos al frente

dejo otro poema atrás: sigo libre .

Las últimas horas

Eran las últimas horas 

     de los últimos días

y el dolor del porvenir

      engendra

           los versos fatalistas

de un hombre desmesurado

     entre volcán y volcán

       acabaría relatando 

           el por qué del dolor

el por qué no del morir

El abismo y yo

 

Temblando, solo a veces

     puede sentarme a escribir

y contar un peregrinaje olvidado

      montar una ola de recuerdos

rescatar entre los escombros algunas noches

             nombrar escasos momentos

solo a veces, puedo dejar el desierto

 el pálido reflejo de un sol vacío;

        ante tantos misterios y miedos

solo salgo de una profusa intoxicación

        cuando me dices “respira, estás vivo” 

no es que se me olvidaba existir, solo que la vida y la muerte

     se mezclan incesantemente

el vacío y el éctasis son uno mismo

    y la mayoría del tiempo

        parece que solo existimos yo y el abismo

el pequeño yo 

      y el inabarcable absurdo.

 

 

  Las calles torpes de Antigua,  

       los volcanes fantasmagóricos de Nicaragua,

mi cuerpo desnudo en la arenas de Oaxaca…

     un romance con la arquitectura Bohemia

el profundo silencio de la nieve escandinava

        un viento sin voz en las alturas patagónicas

 

 

sin nunca preguntar, por qué 

    andar de una sombra a otra

deshacerme lentamente sobre este rincón galáctico 

       tirar frases sin sentido al atravesar los días

flotar sin resistencia entre torbellinos 

      y un día tararear mientras mi sangre se detiene  

     desistir las calles, los volcanes, los cuerpos, el amor y el silencio 

             y dejar correr como el viento todo lo que tiene que suceder

 estando yo aquí o no.