¡Mar! Oculto. En el centro de horas. ¡Mar! De dulce cristal – roble de antaño en la cúspide de la obra negra. Como vida ciega con amor al acto, con sombra al nombre. ¡Nado ahí! Mar secreto, en el centro del olvido, inconsciente como la luna detrás del minuto.
Es de certeza mi inercia de formar un tronco firmemente arraigado en el firmamento de la mutación, es de verdad mi exilio de cruzar las fronteras de la materia para encontrar la flor china del alma, es de amistad mi filosofía de entrelazar algo del mundo y la imaginación en la triste obra de un poema.
No he podido llorar a motor caliente de rutina llevo mi apariencia bruta de intelecto recibo el cambio con dolor subo al autobús con pestañas entreabiertas mi sitio está decidido a ser cualquiera
no he llorado porque no sé si defiendo o si estoy demasiado ocupado con el gris de la ciudad somera; mi llanto busca susurrar al vecino como un viento inaudible pero frío –
comunica pero no habla de soluciones arraigada en la gota siento la derrota mis ojos serían una antología de fallas tal vez no lloro para no recordarles a estos pasajeros que todo es una trampa que el dolor es inútil advertencia
me concentro en el libro su elevación de la muerte y neurosis me siento carne, piel y pulpo de mente un cuerpo arrebatado por el símbolo pero por debajo de todo lágrimas de fuego, plena llama de instinto indómita sed de motín
mi ventana salvaje obra de color acepta mis ojos de pez muerto miro con desasosiego la trivial importancia del orden, la civilización –
sumido en los ojos de los otros ahora veo estos pasajeros, fieles estatuas en sensata postura ante la terrible e inmediata posibilidad de un hecho sin precedente:
Ahora que tengo pies como lombrices de arterias se me hace guardar las crónicas del estornudo que muere como la década los cachos de la luna se asomaron hoy la tela era perforada por el alfiler de luz que ojos como los míos tejen vestuarios de constelaciones canciones efímeras de negra oscura noche tal como el sudario que cubre un rostro impío ese mismo semblante una vez predicaba a los relojes por ser abruptos y subyugantes el mismo hombre con zapatos los usaba como monedas para viaje distancias recorridas al motor de un cuero peregrino esa materia de callo en el descalzo paradisiaco.
Una hoja
blanca
magnética
como un lago
agua que descansa
lejos
bien lejos
de las guerras nacidas
de diez dedos;
una suavidad
blanca
para pulir
el áspero rosto
de mi imperfección
leyendo
poemas sagrados
de sangre
textura de sanidad
que envuelve la locura
de cada noche;
un suspiro
blanco
para vivir
sin convicciones
ahí
aquí
allá
donde sea
que haya
cielo
abierto.
Perdóname pero me confundí creí que los días eran tabernas con barra libre donde todos pasan fumando y yo tomo mis cervezas mientras leo el obituario de mi pensamiento, perdón, de veras creí que el sufrimiento era el pan de todos los días del cual todos comen pero siempre quedan con hambre, no lo hago al propio pero me enamoré salvajemente del absurdo besamos vulgarmente en público y ella me masturba ahí mismo haciéndome regar poemas blancos en los pies de tu rutina
No sé seducir la mujer ni el futuro a veces termino hablando heces imaginando una costa tres cajas de vino y un viento decadente que me escupe lejanías
no sé nadar en subocéanos ni en silogismos a veces me hundo por los días sin fondo viendo las últimas burbujas dibujar picassos en su ascenso
no sé inventar ideas ni ambiciones a veces un caudal de noche me arrastra hasta el alba como insomne buscando cielo, ser y eternidad
no sé existir como pablo ni como nadie a veces me refugio en un poema para vivir en otro siglo con una voz afónica, diciendo: no sé…. no sé…….
Evento
pincel sobre
la masa deforme
del pensamiento
entre la una
y las dos
robé una hora rosa,
dos minutos
y mi vida cae
en impresionismo
de resina
pesada y negra,
un minuto
campo de guerra
no doy basto
termíname
este poema,
mis ojos
ya son desmayos
asfixiados
en demasiado hoy.
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