Ahora que tengo pies como lombrices de arterias se me hace guardar las crónicas del estornudo que muere como la década los cachos de la luna se asomaron hoy la tela era perforada por el alfiler de luz que ojos como los míos tejen vestuarios de constelaciones canciones efímeras de negra oscura noche tal como el sudario que cubre un rostro impío ese mismo semblante una vez predicaba a los relojes por ser abruptos y subyugantes el mismo hombre con zapatos los usaba como monedas para viaje distancias recorridas al motor de un cuero peregrino esa materia de callo en el descalzo paradisiaco.
La vida
es el cáliz
que los dioses
encontraron para
verter su ambrosía
y siendo yo
partícula de su vicio
me hundo en esta
fragancia de existencia
como tonelada de nada
suplicando
en mi inevitable caída
que sea yo consumido
en el vientre
de un goloso suspiro
que cruza
por los tiempos
del más allá.
Había comprendido
la calle que visité
todos los días por esta
edad de indiferencia
era un portal
y en decidida
rebelión
pincelaba yo
cada aspecto
de mi calle pisoteada
agregándole tonos
que la hacían verse
cada vez más como un mundo
donde los artistas de la locura
gobernaban los asfaltos y las perpendicularidades
era un portal
transportando todo pensamiento
a lo innombrable
y era esa calle donde transitaba
la pasión por el pigmento
de color de carne
que me hacía ver la extensión
de la ciudad y su continuación
hasta el infinito
como una gota diminuta
flotando quizá
entre los silencios
de los tiempos.
Se vestía de una lejanía
ella descansaba
en el horizonte
tapado por una civilización
de huecos y ecos
ajena a la lucha diaria
ella
con una pesada envoltura
de estrellas y pesimismos
se movía sigilosamente
como ideal moribundo
que chorrea del las manos
y en secreto de mar
desnuda por la transparencia
de su distancia
me miró
callada y juez
condenó todo intento
en silencio y espera
me percaté que el mensaje
es un cuarto de hora
hundido en el vacío
sin números.
Los días son campos
ambiguos
los días son
necedades
hechas para enfurecer
y desaparecer
los días son
rituales estrechos
donde no caben
los elixires de un borracho
los días son mitos
narrando la imposibilidad
de un sueño metafísico
los días son
la verdad
de lo que no
tiene verdad.
La tierra se abrió un abismo de luz como el etcétera del mañana en ese campo de posibilidad miré con asombro y pueril tentación el objeto de aspecto personal es el reflejo en mis ojos de mi otro reflejo las cosas saben a costas marítimas sus puntas emergen de forma enigmática es válido hablar de ellas como anocheceres y tocar – estas cosas – al son de un génesis pero no queda de otra, fatigarse entre las acrobacias del tiempo permanecer vivo pero acostado en esta vida empapada de hipótesis … era … sentía yo… desprender un anzuelo al corazón puro del misterio y esperar … algún acontecer. . .
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