que sería ser sangre gris
y de piel abstracta
como luz de un recuerdo,
dándole forma al vacío
con el espacio de un vuelo inquieto;
voy a cantar lo que sueña una lágrima
cuando ésta carga sal surreal en su carne,
he de poder existir al motor
de una partícula flotante en su espiral;
hay algo emitido, innegable,
en la tosca piel de una roca:
su astuta inmovilidad
con ese pensar
ubicua y serena
la roca de posición
mi piel limítrofe
haré vuelo al rincón
y lágrimas resbalan
hacia entorno
como puñados de alas
aleteando en ingrávida vida.
una perdida
entre el asfalto
contando las líneas
blancas que en fila
hacen del segundo
una cita con el
destino
las nubes se elevan
estrepitosamente la lluvia
con granizos rompe uniforme
el pasto recién asomado de
una primavera débil visitando
cada minuto con letargo
derritiéndose como el hielo
del cielo
estudiando tu ojo
como la órbita del amor
sobre un núcleo de oscuro
desconocimiento mientras
la mente trata de encontrar
la razón de existir como
una ley inexorable
que te hinca en pasmo
eternamente
está en la capa de una cebolla
lo que ser hombre se adivina
en la noche cuando mueren
las horas de lucha esclareciendo
la verdad de que el centro no
existe, meramente ilusión
detrás de la máscara.
alboroto esta melancolía de nubes
olfatos inertes, noches virulentas
de preguntas y el taciturno silencio
que siempre las acompaña,
al reconocer
todos los hechos y eventos
que nunca podré
corroborar,
miro unas cuantas palabras en la página,
libro de historia,
cuentos de hadas,
una anécdota recontada
un dogma y una metáfora,
de repente me vuelvo,
veo atrás
el gran carril del ímpetu
que me trajo hasta aquí;
era yo ola en la marinería incesante
de vida y tierra,
una más
capaz de creer en lo improbable,
deseoso de romperse sin mucho bullicio,
en la costa perenne
del olvido.
Es la felicidad un trozo
de apuro
una esquina de la ceguera
que guía
un ímpetu sagrado
en el rincón del goce
ahí donde hay filo
para nácar de palabras
un río que desborda hacia
al cerro involuntario.
Una idea
de cuatro puertas
se estacionó en el paisaje
de mi futuro
entré en ella
me ajusté el cinturón de lógica
y empezó a conducir
en círculos
como cuando dibujo garabatos
en infinito en el aire,
la incauta idea
se detuvo al pie
de una paradoja
me obligó bajarme
y nauseabundo vomité
sobre los regazos del silencio;
cuando miré atrás
la idea viajaba por el otro lado de mi cordura,
no me quedó otra que pagar un taxi
para regresar
al asilo
de la
ignorancia.
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