
he esperado toda mi vida
para un momento
que me revuelque
como una ola
de sangre y dolor
y haga de todo acontecimiento
una memoria
que nadie logre
albergar

he esperado toda mi vida
para un momento
que me revuelque
como una ola
de sangre y dolor
y haga de todo acontecimiento
una memoria
que nadie logre
albergar

Son todas
cosas
que debo
son deudas
exponenciales
que suman mi
error de existir
he sido fácil
una aberración
en mi comportamiento
soy presa
de una
moralidad
estando así
ebrio
ante la historia
y la misma sociedad
¿qué debo decir?
no te debo nada
soy
algo perdido entre una
irrelevancia y
una
mentira
ojala tuviera
algún significado esta
mi lucha
si mi apuro
es puramente:
empezar
pero quién quiere
un génesis
en este párrafo de
sabiduría
solamente
es un derrame
una contradicción
que se refuta
en su ambivalencia
así me desapego
de lo que sucedió
así soy una
mujer
que toca
su primer
amor
a piernas abiertas
soy
rosa y cuchillo
algo del
éctasis
que inventó
el pecado.

A estas alturas
pensar es aumentar
la agilidad del desconsuelo
el mar
me aplasta
con olas que no
nacen de mis
decisiones
como espectador
los horizontes
caben como sombras
en mis olvidos
es la necesidad
de la línea ser
recta
y de quebrarse
siempre
en el bostezo
suspiramos
en reverso
estando el alma
cansada de tanta
existencia
en esta ficción
de vida
el refugio
está en la
en el sonoro arte
de
inventar

Puedo sentarme
aquí
y escribir de lo que sea
describir la vida
como el gran sol de la eternidad
pero no puedo
mis dedos de carne
mis huesos de dolor
no me dejan,
me doy asco
soy una cosa peluda
que se deshace cada segundo
en granos de ayer,
podría contar lo que sea
pero hay demasiados peros
en mis labios,
en mis labios…
queda el sabor a delirio
y en mi cabeza
la terca necesidad
de sustituir mi piel
por cascarilla de cielo,
dejando atrás
el peso de mi entrañas
dejando atrás
unos versos
como pena de muerte
a lo ordinario,
hasta que, en mi inmaterialidad,
pueda encontrar otro sol
otra voz
otro yo
oliendo
ráfagas de ilusiones
extraordinarias

el techo ya no existía
era de mermelada azul
como los algodones del mar
los parpadeos eran ahora contados en centurias
la vista proyectada al camuflaje del infinito
la época era apenas una señal
dirigiendo los ojos a lo sagrado
que dicta: la belleza supera la tristeza
con las nubes transitando como pensamientos
de exquisita blancura
las campanas del final
ampliando la melodía
el mediodía de la vida
el nocturno sigilo de la muerte
y apoyados en la distancia
de nuestra ignorancia
fracturamos nuestros pechos
permitiendo el misterio brotar y ahogarnos
en un manantial de sangre
que sabía a beatitud.


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