este lugar existía
tenía un ángel
que sobrevolaba en dosis
de crepúsculo
con los hielos narrando
los grises cohibidos
debajo de las suelas de la prisa
y cruza un hombre con
brazos de letargo
abriendo el humo desahogado
que flota en vórtices
por la avenida del invierno
en estacas se captan
los edificios con tendencias
melancólicas causadas
por un amor que se grabó
en incienso y no en cemento
este lugar existía
tenía un ángel meditabundo
que sobrevolaba por zonas
de un aforismo huérfano
pudriéndose
en el cementerio
del anteayer.
empecé a subir escalón
tras escalón
un fuerte viento
en columna
desciende sobre mi
un mundo oscuro
infinitamente opaco
surge a mi vista
en movimiento ausente
lo repaso de izquierda a
derecha
y una vez en la superficie
eché a caminar
con el sentimiento
de que la razón es insuficiente
y con un razonamiento
declarando todo sentimiento
incapaz de definición;
eché a caminar
por los senderos hechos de asfalto
y en esta vida hecha de noche
no le eché la culpa
a nada ni nadie
por mi condición
de forastero
perdido
entre las mareas
de gris ciudad.
Estoy cansado
sentado un parque
de noche pura
cansado de utilizar
palabras añejas
para todas estas cosas
que apenas nacieron hoy
el árbol sin hojas
una luna lejana
dos versos exhausto
quedé, que este mundo extraño
nadie aun le ha inventado
un alfabeto ni mucho menos
han discernido los pasos
huecos y sublimes
de una marcha
cuyos poemas revelarán
La mesa con su color y un poco de resfrío verde con ganas de rojo estrecha, tumbada en el cuarto que nadie visita justo esta mesa, o fracción de ella babeando una sangre amarga llorando las lágrimas de existir con dos latidos sonoros hechos de viejos testamentos la mesa o alguna de sus cuatro patas la tercera, tal vez, detrás del vínculo invisible confiando que la cuarta y la segunda la odian, la primera perdida como la última oración de un libro la mesa lejos de la confabulación incapaz de soportar ni un solo pelo más reina del rectángulo inservible verde a veces verificablemente vacía la mesa donde llegaré a morir algún día.
Dos luces son la protuberancia de mi visión al costado la cerveza checa casi agotada no soy el único si yo picoteo el papel con una punta otros punzan el piso con sus pies y por su efímero movimiento mis dos luces confiesan la fragilidad de su fuego mientras tanto la atmósfera de mi cabeza recibe el fondo ambiguo de conversiones ajenas conjuntamente con los zumbidos modernos de un techno la variedad de mis temores oscila entre la potente metafísica del libro a mi izquierda y la interrogante de quién o qué soy el propósito actual es escribir un poema amplio como este irrepetible momento que ni yo ni otro volverá a tener y como las cosas en frente tienen una piel alucinógena no por la cerveza que casi termino sino por su inconcebible hecho de existir entre tanto, acaricio mi bigote que se siente como un animal vivo reposando en mis labios y el viento crudamente viajando sin color sobre las hojas y los techos del mundo todo esto, es – si las proposiciones son válidas – aspectos de una terrible vida una colección de datos insuficientes que intentan representar la abundancia de la existencia y la impotencia inherente de convertir este fenómeno en cosas habladas.
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