Es la felicidad un trozo
de apuro
una esquina de la ceguera
que guía
un ímpetu sagrado
en el rincón del goce
ahí donde hay filo
para nácar de palabras
un río que desborda hacia
al cerro involuntario.
remo
en mar
oscila en lenguas
como sexo deleznable
sobre las angostas lentitudes
de un gemido crepuscular
miro con asombro tu concavidad
mío es el pensamiento que se derrama
sobre el vientre de tu incredulidad
éramos dos hebras de íntima descomposición
haciendo con lo efímero lo que se hace
con la eternidad
destinados a navegar hacia el sueño
guiados por el estrellado zodiaco del orgasmo
al final de un dialogo de piel y ceguera.
Los siglos han muerto
Hemos cosechado, con feliz vanidad
la putridez de una ilusión
una desesperada hazaña
en busca del sol perdido
la fiebre, fría y fatal
la enfermedad de una angustia
el callejón del loco capaz!
Es la historia del ciego muerto
el ascensor de corazones torturados
la melancolía de la monotonía
la tiranía del tiempo
La torcedura del árbol bajo océanos
¿Qué ha quedado?
Ya nada existe, el tiempo se ha detenido
Se respira el otoño del tiempo perdido
Periodos y ciclos
Ciclos y obeliscos quebradizos
Los siglos han muerto, el desierto humano
Agorafobia y rocío del alba
Gotas de un miedo intocable
La interminable manifestación
Los siglos en decadencia, canta el anochecer
Es el momento para olvidar,
nacidos mortales
la esquina de la niñez, el suelo sucio
las manos gordas y arrugadas
El ocaso de todos los caminos
el fin de la historia
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