
Una pista:
con la muerte
del individuo
se anticipa
la verdad
de que un día
se acabará
la humanidad.

Mi lecho
es sustancia placentera
como placenta
donde los sueños
se mueven en corrientes
de un mar maternal
es aquí
donde las formas
crecen y mueren
en su bella transformación
donde los sentidos
se extienden
como hojas al final de
una palma insular
situada céntrica
en glóbulo de misterio
es justo aquí
donde descanso mi cabeza
y brotan de mi gris
las fantasías inauditas
de un incesante
ciclo

Pasos, pasos
y una furtiva mirada
tal vez,
entre ojos y ojos
horas y horas
extrañando los nombres
que nunca tuve
perdiendo las vidas
que no fueron mías
pasos lentos
una nota de piano
como esa nieve
lejos de todo,
mi alma cósmica
entre reojos
entre horas
tan lejos de todo.

La poesía es mi tercer solitario ensueño
similar a la vida borracha de símbolos
o al sueño cansado de cronología
así, la vida, los sueños y la poesía
son todos, con igual probabilidad
la temible alucinación de una sombra humana
que desliza un frágil dedo sobre el polvo existencial
exponiendo la superficie gris y hueca
y al llegar el dedo al borde
resbala y cae en una profundidad fría y alegre,
y como no queda más nada
el verde de la hora
se distrae con la neblina de adjetivos
y la sustancia intocable de versos
inventando un nuevo mundo
donde ni siquiera yo
estoy seguro de existir.

Hija, mi vida
viuda
eterna efímera
eres el último recinto
condenado a esta borrachera
si con dedos gordos e inútiles
caminata extraña – cero verdad
total realidad – absoluta droga
hija, desnuda vida
voy por mi última
en noche y átomo
ya que no existo
pura y leve noche
endulcé y traté
viuda
cerveza y existencia.

¿Fue error
separarse
llamarse huérfano
para recorrer descalzo
la inmensidad de las cordilleras
del pensamiento
sin aire, ahogarse en las aguas nocturnas
del enigma
anclado en la soledad
para ver los edificios muertos cuando todos
se fueron a dormir
crecer la barba por falta de espejo –
fue error
ser espectador único
lombriz de tierra
aún en el lodo prístino;
inventando las nubes
que lloverán sobre los innavegables ríos
que lentamente llenan los océanos del futuro?

Es la edad para ser hoja caída del árbol mudo
nuestra voluntad no sería más que una ráfaga de viento
el destino: caer en un caño lleno de cosas olvidadas
nuestro sueño sería desintegrarse en una sopa de residuos
tocar esta vida una última vez en forma unánime
hasta volver a ser parte de todo, del resto
una vez más
hoja
sol
y agua
por esas épocas vecinas
llenas de galaxias y sueños.

Estaba frío
y la piel dolía a hielo
la manos del que fuma un cigarrillo
o los dedos del que cumple un poema
era noche
y la belleza no estaba en el frío
ni en la temprana noche
la necesidad que me obligó a escribir esto
y la del extraño que fumó el cigarrillo
consistía en que el extraño y yo
solo supimos solo de dos cosas
– era de noche y frío estaba –
en tales reducidos espacios
suelen suceder poemas y cenizas.

Estoy cansado
sentado un parque
de noche pura
cansado de utilizar
palabras añejas
para todas estas cosas
que apenas nacieron hoy
el árbol sin hojas
una luna lejana
dos versos exhausto
quedé, que este mundo extraño
nadie aun le ha inventado
un alfabeto ni mucho menos
han discernido los pasos
huecos y sublimes
de una marcha
cuyos poemas revelarán
el parque con la luna
la noche con el árbol
como cosas nuevas
aun sin nombre.

La mesa
con su color
y un poco de resfrío
verde con ganas de rojo
estrecha, tumbada
en el cuarto que nadie visita
justo esta mesa, o fracción de ella
babeando una sangre amarga
llorando las lágrimas de existir
con dos latidos sonoros
hechos de viejos testamentos
la mesa o alguna de sus cuatro patas
la tercera, tal vez, detrás del vínculo invisible
confiando que la cuarta y la segunda
la odian, la primera perdida
como la última oración de un libro
la mesa
lejos de la confabulación
incapaz de soportar ni un solo pelo más
reina del rectángulo inservible
verde a veces verificablemente vacía
la mesa donde llegaré a morir algún día.
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