La gran idea
de respirar
envuelto
de duelos
y salvajes
sabidurías
de mí era
esa perturbación
emitida
que le llaman
comportamiento,
de mi
persona
salía ese humo
y revoltijo
que le llaman
propósito
y razón
todo indica hoy
que me enfrento
a una irreparable
realidad
de accidente;
de noche más cruda
mi entorno
sin importar la hora
es cada vez más mítico
sin etiquetas, normas, definiciones:
una confusión de memorias y llamas
no puedo dejar ninguna promesa
¿qué sucederá después de todas
estas eternas condiciones?
dejar de ver
quizá renunciar el concepto
algo menos de la rutina
para llegar a los labios
de un espejismo,
me sumo a
la confabulación
de destinos;
esas contracciones
ciegas y de belleza
ilegible.
Del suelo
en trenza
articulo
los gestos
al improbable
destino
es una muerte
de nocividad
celestial
como astro
de sílaba animal
en el centro
de una jungla
primordial
al anochecer
circulo
pómulos de negro
los que se acumulan
en la desesperación
antigua de un
bar
una enfermedad
paralela al
enamoramiento
los rincones del ser
como rocas las células
de lógica mis pulmones
como pulga mi sangre
de renta los ojos
dardos a lo
impugnable:
orbicular
sensación de fases
una cíclica nausea
con altos y graves
dolores y cumbres
la vida
pulcra como una puta
de sedas y maquillaje.
A máquina
mi cama tendida
a mera máquina
de fuerza enigmática
carne al movimiento
de una máquina
con herida de cielo a pecho abierto
mi latido es máquina inconsolable
dedos y robótico pudor
mi mirada es artificio
un instrumento predestinado
a máquina de dolor
la vida rotunda y miserable
gira en eje y mecánicamente
en ciclos incomprensibles
de industria, hierro,
artificialidad
humana.
Si algo quisiera resaltar
sería lo indómito
inquieto en la periferia
de esa lógica que es inminente
pero siempre accidental
de herramienta quedan palabras
para impresionismo de eclipse –
todo ineludiblemente acaba
y queda únicamente el moroso recuerdo
¿Por qué pretender?
dejo escrito lo somero,
la contradicción
¿Su función?
insinuarme de que vivo
y de paso, manifestar
que entiendo
la paradoja:
lo esencial
es lo que se esconde
detrás de la vida.
No he podido llorar a motor caliente de rutina llevo mi apariencia bruta de intelecto recibo el cambio con dolor subo al autobús con pestañas entreabiertas mi sitio está decidido a ser cualquiera
no he llorado porque no sé si defiendo o si estoy demasiado ocupado con el gris de la ciudad somera; mi llanto busca susurrar al vecino como un viento inaudible pero frío –
comunica pero no habla de soluciones arraigada en la gota siento la derrota mis ojos serían una antología de fallas tal vez no lloro para no recordarles a estos pasajeros que todo es una trampa que el dolor es inútil advertencia
me concentro en el libro su elevación de la muerte y neurosis me siento carne, piel y pulpo de mente un cuerpo arrebatado por el símbolo pero por debajo de todo lágrimas de fuego, plena llama de instinto indómita sed de motín
mi ventana salvaje obra de color acepta mis ojos de pez muerto miro con desasosiego la trivial importancia del orden, la civilización –
sumido en los ojos de los otros ahora veo estos pasajeros, fieles estatuas en sensata postura ante la terrible e inmediata posibilidad de un hecho sin precedente:
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