
dedos tiesos
como tarántula momificada,
el brazo extendido
un puente de la cama
al inaccesible vacío
a mi izquierda,
en soga
una flota de pelo
el polo septentrional
de mi cuerpo
esa masa resignada fútil endeble deleznable
flotando yo absolutamente
como sustancia inclasificable
sobre la región
donde el humo
y la muerte
se mezclan incesantemente
como los años y las mentiras
vencidas
sin banderas ni gloria.









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