
Sin
sal
me
comí
la
esencia.
De
los
segundos
un
trago
amargo
de
memoria.
Espero
con
paciencia
que
se
añeje
la
existencia.
Para
embriagarme
un
día
de
ella
y
así
olvidarla.

Sin
sal
me
comí
la
esencia.
De
los
segundos
un
trago
amargo
de
memoria.
Espero
con
paciencia
que
se
añeje
la
existencia.
Para
embriagarme
un
día
de
ella
y
así
olvidarla.

A veces me concentro
en la figura
toco la burbuja rosada de mi cráneo
miro a un pensamiento raso
como si estuviera gateando por la mente
me concentro en las líneas
tal como un trapezoide bordado con alas de pájaros
en la cocina
la leche en un vaso de nube
y la luz agria de la lámpara
me concentro en los tonos rubíes
los mojados segundos
los pasos de los pesados párpados
la sangre uniformada de deseo
me concentro
en la armonía
como si el corazón fuera fruta y rama
nada más
y su sombra la veo
en una tos de niño
me concentro
en una meta abstracta
una hora sin relación a la muerte
ese beso borracho con el mundo entero
amando
la vergüenza.
nadie
se entera
de la completa
nada que
significa todo
intercambio
una mirada fortuita
algo desea
desde muy pequeña
esa mujer extraña
y yo no soy su respuesta
mira que existencia llena de ciclos
un pétalo deslizándose en ese
quieto instante
yo hambriento de respuestas
me fui a tomar unas copas
y el tránsito del tiempo
hizo puré de mi alma hervida
lógicamente
me fui a dormir.

Mi mirada
erróneamente
puesta sobre el juego
de las sombras sin bordes
el auto zumbando entre el humo
los cabellos que no sé a quién pertenecen
–
algo se mueve aquí como instinto de aire
algo me digiere como si estuviera
saciando el apetito del tiempo,
algo tiene los pelos de punta
y yo soy su piel,
algo acontece
y yo cedo.

La crin se desprende de la nuca
como una ola de etérea existencia,
siento ahí atrás de mi cabeza
como una melena de color y nube
fluye, entretejida, con la corriente
del universo –
mi tentación es volver a ver atrás
y caer atrapado entre curvas de pelo,
envuelto en esa tela de esencia
que me deja dormir
como un piojo poeta.

He puesto una larga mirada
a la resolución de la máscara
atado ando como por brazos de siglos
un secreto espiral hace noche de mi razón –
el espíritu recóndito expulsado de su frente
parece llegar a la cumbre de una antigüedad;
esta máscara que espío desde el asiento de
mi soledad,
alzo humos entre los torbellinos del tiempo
algo infinito crece como olor entre sus gestos,
con sus manos de vino blanco me acaricia el deseo
de hierro mis horizontes se duermen;
aquí hay fondo tras fondo
hundimiento sin calidad de movimiento,
veo desde los ojos ecuánimes de la sombra
mi destino de máscara, cubriendo con tez
el enigma del vacío.

De los muros
puedo decir
mucho.
Son almohadas
con maternas escobas
barriendo escombros de horizonte
dejando la cabeza de rutina
dormir en su ternura.
Puedo hablar de senos rotos
de la sombra de leche
enrollándose como pezón
en un vals de grasa.
De la máscara tengo
mil canciones,
tanto poemas como hormigas
esbozadas en la turbulenta
sensación de vivir
crípticamente.
De la frente
puedo decir
mucho.
De ella los rectángulos
y las esferas hace gaviotas
que volando dibujan una curva
de ombligo
negro en el sien
de la mujer en vano.

La gran idea
de respirar
envuelto
de duelos
y salvajes
sabidurías
de mí era
esa perturbación
emitida
que le llaman
comportamiento,
de mi
persona
salía ese humo
y revoltijo
que le llaman
propósito
y razón
todo indica hoy
que me enfrento
a una irreparable
realidad
de accidente;
de noche más cruda
mi entorno
sin importar la hora
es cada vez más mítico
sin etiquetas, normas, definiciones:
una confusión de memorias y llamas
no puedo dejar ninguna promesa
¿qué sucederá después de todas
estas eternas condiciones?
dejar de ver
quizá renunciar el concepto
algo menos de la rutina
para llegar a los labios
de un espejismo,
me sumo a
la confabulación
de destinos;
esas contracciones
ciegas y de belleza
ilegible.

Supura de la piel del extraño
algo de temible olor
semejante a la electricidad cruda
de un miedo, de una relampagueante pesadilla;
el prójimo se mantiene distante
algo ajeno y amenazante,
son pelos y poros de animal incógnito
no hay sexo ni compatibilidad
con sus arcos de hueso y cartílago –
se presiente la sangre como una ráfaga
de dolor subterráneo, alimentando
la congénita bestialidad del otro,
es un adversario carnal
es un agente de incomprensión,
sus vocales de lágrimas y secreción
erizan el cobarde manto
de nuestra piel;
nuestra era de caníbales
carne rota entre los accidentes
músculo a desgarro ubicuamente,
el otro es un ser de tentáculos
feroz pezuñas listas para
desmembrarme en el primer contacto;
medito sobre el hombre y hombre
mujer con mujer
niños entre niños,
ese infierno de raza enajenada
entre sí
y la perversidad del conocimiento:
soy salvaje barro de venas y hambre
para los ojos de los
demás.

si párpados
plasmados
existiéramos intrincadísimos
poseídos en instante
del instante goteado
saltos de conducción espiritual
todo anochece roto, difundido
hacia absurda soledad de soles
en el pecho de músculo –
la fecunda ruptura
libres del albedrío
navegan los vidrios del aliento
en mar de accidente
a emisión despejada
inmerso, inexplicable
un sentimiento apenas
sobrevolando;
la desaparición del precedente
inicia una ráfaga
con funda de piel
en otoñal caída
a un amarillo
de incomprensible furor
inimitable e irrepetible
descenso
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