La única vez

Todo lo que está sucediendo simultáneamente

      para producir este efímero instante
los ríos de tiempos hablan sobre una movediza realidad
    y absorbiendo en el epicentro del laberinto
todas las relaciones, colores y creaciones
        los mil millones de años para poseer una vida
una única ocasión
Con puntas de dedos perecederos,
pescadores y el anzuelo perdido
      porque todo la existencia empieza ahora
desmoronándose
  escamas de seres anteriores
la personalidad desconocida del ayer
     y el sello nocturno del mañana
palabras son jeroglíficos para cosas reales
    tan innombrables que sus vocales
impronunciables son
      pero viven como verdades
profundidades tan inabarcables como el sueño de la luna
la luz que apaga la oscuridad
                acompañando un adentro
colmado de espejos
         donde nada se puede reflejar
solo el reflejo de otros reflejos
   en la búsqueda transparente por la fuente
                que existe en todas las cosas
intensidad como el rojo de la sangre
                el gozo de existir

una sola vez…

Regresar Poesia de Pablo Saborio – ARTE POETICA

Mi Ventana

Mirar afuera era la única tranquilidad que podía cosechar dentro de mi angustiosa convicción de que el mundo era viejo, inútil y testarudo. Mirar a través de la ventana que se va nublando con los añejados cansancios, las trepadoras inercias que tapan el invisible del vidrio y ahogan el fragmento del momento con su inexorable oscuridad. Mirar las hojas salvajes bailar al tempestuoso ritmo del viento, sorprender a un insecto en su vuelo errático y absurdo, o quizá, ver humedecerse las partículas de atmósfera con el acercamiento de una feliz tormenta. Existía ahí afuera algo sublime y encantador, algo ajeno a la repetición de apagados pensamientos; dirían otros que estábamos envueltos por un sueño que nunca podremos acceder o entender– nuestro territorio se limita a la cruda realidad de lo ordinario. Con los años de mirar y mirar, el cuarto se tornaba cada vez más insustancial y lo que había afuera era lo único merecedor de atención y dedicación. ¿Estaba buscando algo inmortal, algún gozo inmaterial que me haría olvidar la monotonía de mi desgasto? Las respuestas siempre son incompletas y casi innecesarias, porque la misma naturaleza del universo es inseparable del misterio, la incógnita reinará sobre las ciencias y filosofías por el resto de la historia. Así que yo solo veía, veía las gotas del sol que visitaban en intervalos de éxtasis. La nubosidad de recuerdos me guiaba por el crecimiento de un arbusto que hoy día era un árbol completo: el cambio era la melodía de este sueño, el que reside dentro del cuarto y el que se desenvuelve al otro lado de mi solitaria ventana. Porque al fin y al cabo, ambas esferas son tan deleznables como un sueño pintado por el aliento de ángeles subterráneos. Mi función si acaso se limitaba a contemplar ese largo drama que surgía espontáneamente afuera de mi ventana y dentro de las paredes de mi pasajero cuarto…

La historia de la eternidad

Entra un pensamiento

    Su origen es incierto,

pero ha entrado al núcleo de este instante

    y llena este irrevocable momento

 con la substancia de una suspirada realidad.

 

 Se va.

   Los ojos miran sin esfuerzo

      Capturan el reflejo de una luz

despojan la sombra del vacío

   y transforman este segundo en:

                           percepción.

 

 Escuchas las manos del reloj;

    se repite el sonido de cada pauta

un latido por cada descanso de la aguja

               agrega un grano de polvo

 

al ponto sin fondo, llamado: Tiempo.

 

Se anuncia el recuerdo

      la visita a un rincón casi olvidado

se hunden las puntas de cada nervio

        penetras la nube de la memoria

el fantasma del ayer, vive sigilosamente;

                luego: se va.

 

Llegan las cosas y parten, se dividen

            se separan en hilos que ya no alcanzamos

regresan gemelos de hábitos una vez desistidos,

          nacen cambios para nuevas incógnitas.

 

Lenta,  deslizante se forma la eternidad.

        No excluye lo fútil, recoge todo,

cada migaja de sentimiento, colecciona 

          el aburrimiento, la soledad, el recuerdo,

se nutre con las vidas de insectos y humanos,

            seduce todo a tomar una pequeña porción

 de su,

     inmensidad.

 

 

 

 

Mirando atrás

 

 

Se trataba de una recurrente tristeza

            al nunca poder pertenecer

a la bella ignorancia de vivir

                 sin razones ni justificaciones

 

En las noches cansadas

       sentía la posibilidad

de inagotables realidades 

 

Un terreno vasto sin constitución

                un juego de la imaginación 

 

Seducido por el curso de las estrellas

      terminaba exiliado del sendero común

              regreso imposible a la cueva de los dormidos 

 

Recorriendo los peligros desconocidos

               entre cordilleras del pensamiento

pisando lodos vírgenes

                    captando horizontes inefables

 

Miraba atrás – que lejano estaba todo.