Nadie entiende de qué se trata la poesía.
Pues lo voy a dejar claro:
Imagina que este inmenso mundo
entra en tu boca
y se hace agua o cielo o luz
para saciar las cuevas de tu sed.
Nadie entiende de qué se trata la poesía.
Pues lo voy a dejar claro:
Imagina que este inmenso mundo
entra en tu boca
y se hace agua o cielo o luz
para saciar las cuevas de tu sed.
en un lago quieto
reposa la luna
entre su luz fría
los peces
tragan sin despertar
el claro de luna –
casi invisible
y brevemente
la soledad sostuvo
el viento

el temor si lo estudias es
la razón despertándose en
tre un polvo des
pegado de la desdicha
pero llora lenta arde
en un rincón sin aleluya
uno cierra los ojos
para no ver el silencio
hacer una flor con la luz
del olvido
todo duerme a
estas horas de a
mor y en el pecho
viaja un tren que vi
aja entre un vacío y una es
encia
abre una ventana
para entender que el final
es oscuro y nada cura
la locura
en el principio
las sombras dibujaban el fondo
y es que fue
ran las historias del mundo solo huellas
de las nubes.

Hubo al principio
cierta discusión
sobre el “significado” del globo,
pero poco después
se acallaron los rumores
dado a que hemos
aprendido a no insistir
en el “significado” de las cosas,
de tal manera que rara vez
se explora el significado de cualquier cosa
al menos que sea un fenómeno
sumamente sencillo y seguro.
Parecía que se proclamaba
como un misterio, pero un misterio
que no valía la pena resolver –
un misterio frecuente
de muy baja calidad.
Pero no es nada.
No es como el nihilismo
de Gorgias, que declaraba
que nada existe y que si algo llegara a existir
probablemente no lo podríamos entender,
y que si llegaríamos a entenderlo,
ese conocimiento no lo podríamos comunicar.
La mente te arrastra en su corriente,
lejos de lo que tenías que hacer, hacia cosas
que no se pueden explicar racionalmente;
hacia la dificultad, hacia la falta de claridad,
hacia la luz del ocaso.
¿Pero qué se puede hacer con un paciente
que encuentra el mundo insatisfactorio?
El mundo es insatisfactorio, solo un payaso
lo negaría.
La experiencia paradigmática del artista
es la del fracaso. Hay algo allá ‘afuera’
que no se puede asir y poner ‘aquí’.
Eso es la norma. No hay semejante
cosa como un “artista exitoso” (al menos
que uno hable en términos mundanos).
El tema de la muerte
ocupa un lugar preponderante
en su consciencia.
Has leído citas del libro “60 Stories” de Donald Barthelme. Traducidas del inglés por el presente autor mientras tomaba un par de cervezas y contemplaba los misterios de la vida. Citas sobrepuestas aleatoriamente pero con atención al misticismo innato de las palabras, con el fin de componer un poema postmoderno. Esta nota también pertenece al poema en su totalidad. Declarado esto, el poema termina con una i tildada, justo aquí

He de escribir 50 años de poesía.
Para tener medio siglo de honda sombra,
medio siglo pescando en un río de propia sangre.
Año tras año sin saber cómo salir de la tierra
iré untando nubes a mi cuerpo
para hundirme en una lluvia
tan antigua como el dolor de la piedra.
Amasaré los días, día tras día
hasta que la noche se haga polvo amarillo.
Todos me preguntarán, Pablo
qué verdad has amarrado con tus cadenas de viento?
Yo les responderé:
Conozco un árbol que puso un pie
a navegar en la soledad de un cometa.
Así me dejarán tranquilo,
mirando cada estrella, mientras una por una
se va quedando ciega en el calor del tiempo.
He de escribir 50 años de poesía,
para tener medio siglo de inmensa isla,
medio siglo de danza en el vacío.

Un clavo que me recuerda la tierra,
dura, punzante, clavada en la nada.
Es noche, la noche no tiene mapa.
Aquí han nacido y se han ido
como olas, olas despacio viajes
en la sed de mundos. Algo
sucede, apenas entra al pecho
se hace un devenir .
Queda atrapado en la industria
del olvido, doy mi mano
al minuto y me lleno de vértigo.
Una candela que me recuerda la tierra,
titileo, crepúsculo ardiendo en la memoria.
Nadie
lee un poema
para calcular
cuantos minutos
le quedan por
vivir.
Nadie agarra
una estrofa
y se la amarra
como una corbata
para ir a casarse
con la luna.
Nadie
entiende que la metáfora
es un puente, sino ya
habríamos cruzado
la noche con sus mil
peces de luz.
Nadie
le abre los ojos
al verso,
para no quedarse
ciego con el fulgor
de su dolor.
Nadie
lee un poema
para no morir
sabiendo que no
sabía nada.
Un martes.
De sol –
la vida
puesta como luz
sobre el hilo
de un río,
alejándose en flora
llegué a ella como
reflejo de pájaro
en su azul torbellino.
Me senté. Afuera
de la universidad
a ver la luz del día
torcerse en ráfaga
de azul y de azul
a celeste.
Leía el escepticismo
de Santayana
y tenía el busto
de Bohr
oxidado a mi izquierda.
Era una tarde, liviana
despegándose de la ciudad
a una altura de ritmo –
brillaban los techos
como extinguiéndose
de plena alegría.
Era martes.
O tal vez esencia.
Cuando me senté
a contemplar la nube
esfumarse tan lejos
de las palabras.

La sangre brilla
y se
seca
como sombra.
Todo termina,
el remoto monasterio
de tantas
estrellas
y la arena.
Hemos aparecido pero ni
permanente es la luz
columpiando
como columna de humo
en nada y nada
pero un sueño
se viste de eventos
y gran sucesión de fundamentos.
Todo termina
otro eón arrugado en parpadeo,
mira el lenguaje
lanzar su
triste código de ideas.
La vista ha visto
tan poco que
es pequeño eructo
de puro finito.
¿Me oyes? Usted
que está tan atrás
tan arraigado en esqueleto
usted tan carne y alboroto,
balanceando el dolor
sobre el golfo de la pena.
¿Me escuchas? Todo
terminando escama de lira,
tanta mujer con clavos
haciendo lazos de luz
sobre la cruz.
La gota del caos.
Este mundo,
aquí.
Independiente, extraño
atravesando la memoria,
como un viento
inventando las ramas
de la vida.
Todo termina,
sin borde derramándose
sobre el negro
como una palabra
haciéndose piedra
y luego lento humo.
He corrido amaneciendo
por mi voz
abriendo cordillera
cual hunde su letargo
en las crestas de mis latidos
he lastimado la luz ayer
cuando le consulté el por qué
de la oscuridad del porvenir
inmemorialmente tapé mi esqueleto
con el recuerdo de tantos
dioses escapados de las mareas
me meto sin ciencia
al ciego enredo de mi sangre
sin clave u obligación
tragué las copas de los árboles
que se mecían como gotas
de cielo
y le hice catedral al hueco
donde faltaba el alma
he amado atardeciendo
la claridad de mi locura
por mi boca
salió una isla hacia viento.
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