
Me gustaría simplificar la vida
abrirme el cráneo y sacar
la mente
en su lugar dejaría una nube.

Me gustaría simplificar la vida
abrirme el cráneo y sacar
la mente
en su lugar dejaría una nube.
en un lago quieto
reposa la luna
entre su luz fría
los peces
tragan sin despertar
el claro de luna –
casi invisible
y brevemente
la soledad sostuvo
el viento

esto solo ya
es amplia aurora
lo más azul es casi oscuro
tiembla la nube como
un pensamiento lleno de lágrimas
ya vengo a nacer arropado
con la desnudez de la luz
ando cayendo a mente
y acaricio la época
como cabello derramándose
en apariencia,
me limpio de signo
pero sucio de incendio
afuera adoré sin saber por qué
la luz ahogándose
en el olvido.
No fue gran sorpresa el fracaso de dios.
Yo no me pregunto por qué nunca apareció
en su trono celestial
que le cuidamos tanto como fieles centinelas.
Pero nunca llegó.
Como consecuencia de su ausencia
surge mi obsesión
por sumergir mi cabeza
en un distante eón.
Aprendí a ver, sin restricción de tiempo,
la decadencia y caída de la materia,
la rítmica respiración de toda energía y forma
en su catastrófica resurrección.
Me dediqué a estudiar los abismos
y las coincidencias.
Vi cuando un minúsculo electrón
se estrellaba contra el verbo más común,
o cuando las olas del pensamiento
iban reventando contra un horizonte de proteína,
aun escucho el murmullo de los nervios
que reverberan tras la explosión de un sol senil.
Ahora la vida humana no vale mucho,
siendo un invisible trazo que se une
a una repercusión infinita.
Mi acto es participar
en la hermandad del átomo;
yacer en la tierra
junto a la ceniza de un sol expirado
contemplando un espiral enorme
clavarse en el universo.
¿Alguna novedad? No.
No abro ni las cortinas
porque no hay hemisferio derritiéndose
ni un espejo arrinconado en la primavera.
Ya lo he dicho, casi siempre lo pienso.
Estoy esperando
tal como esperan los huecos.
Un relleno de rumbos
un caudal de canción
un nudo de oráculos,
algo que rellene esta oquedad y me haga feliz
para que ya no hayan más timbres y ecos
amarrándose a mis columnas.
¿Hay novedad? No.
Uno puede escribir sobre la promesa
y el deleznable vuelo de los minutos.
Pero nada cambia. Todo sigue igual
cuando la sangre endurece y se detiene
como un silencio abovedado.
Aquí espero, con las piernas cruzadas
y una fría mirada a mi piel.
¿Algo nuevo sucedió hoy?
No señor. Aun espero por
un exceso de mariposa
la mitad de un huracán,
o un origen tan vasto
como el polvo.

Hoy, cuando pensé
en la muerte
no me enfoqué
en como sería no existir
ni si llegaría cuando
estoy mirando por la ventana
o si descendería en un martes
o un miércoles
más bien
pensé en los que ya murieron
pensé
en que algunos han muerto tristes
otros han muertos satisfechos
que mil cosas
pudieron haber hecho diferente
en la vida
pero que ya nada importa
pensé
‘una vez muerto, ya nada importa’
ahora pienso
si me tocará ese día
estar triste o feliz;
y considero que no
hay mucho que pueda hacer hoy
para influenciar
la sentencia
lo único que me queda
es escribir poemas
dormir con una panza
llena de vino
y esperar el juicio
de los días restantes.

nada existe
el piano
deja caer sus martillos
como piedras en un mar sin sal
nada
ni el momento
el suspiro
la idea de existir
ni la nube
que le dio sombra
al adiós
ni la lágrima
que fue casi
infinita
ni la madre
que dio luz
a solitarios héroes
nada existe
el color rojo
se desnuda sin explicar
el origen de
su sangre

La lluvia
desfiguró la ciudad.
Abrí mis manos
y escaparon tantos cometas mojados
el viento arrastró los pies de arena
se ahogaron las casas sin color a tierra
arrancó los carros como pétalos de débil flor.
Se llevó todo.
A mi padre con ojos de león adormecido
mi madre y su almohada de plumas.
Pasa como navaja amputando
las sombras de mis alas pintadas.
El caos y el agua;
las lágrimas y los años.
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