
a dormir
fingido ser,
en la noche
se untan los vacíos
sobre el colocho del alma,
tráguese la
existencia como
vino sencillo
de uvas lentas
e inconscientes.

a dormir
fingido ser,
en la noche
se untan los vacíos
sobre el colocho del alma,
tráguese la
existencia como
vino sencillo
de uvas lentas
e inconscientes.

Espera
aquí no hay nada
regresemos al humo –
a la canción de luz dormida
ensimismados
en la oculta mañana,
esa con olores a gris y beso –
ahí comeremos los invisibles minutos
como frutos del silencio.

latente
con ángulo de prisa
la fila de árboles escapa
mi limitada percepción
gesticulo con los ojos
el vuelo caótico de la mosca
que muere hoy o mañana
– Desde la ventana del tren.
he sufrido y corro lejos
en busca del momento completo
he zigzagueado entre las mitades
de día y noche
cruzando las invisibles fronteras
del hombre
donde guardaré la memoria
de toda esta tristeza
que veo afuera
los arboles respiran
en su única posición
yo
como madera al destino
en busca de la brasa
que me consuma
los vidrios del tren están sucios.

La anticipación de la muerte
y la ficción del conocimiento
son los dos pilares que soportan
el cosmos de sueño que atraviesa la vida.
Todo es una memoria de lo que no va a pasar.
Ser pez en mar de negro secreto, divagando
en corrientes de inaccesible origen; bello experimento.
Queda el vino como verdad absoluta
y la obra arabesca de la noche sin esquema.
Leo con calma la historia del mundo.
Plasmo mi lenguaje de escéptico, como para ir
debilitando el hábito de hacer afirmaciones.
Imagino el día cuando nacer y morir sean sinónimos.
Y una pacífica nube eclipse la existencia y todo duerma
bajo la lluvia del olvido.

He sentido la tentación de existir
como oblicuas huellas de negro misterio
sobre el manto callado de un desierto
he sentido la necesidad de desaparecer
bucear el océano diáfano de la muerte
en busca de sus corrientes de ágil reposo
he sentido la clandestinidad del alma
se mueve como aguja de segundo
sobre el límpido círculo del silencio
he sentido la obra del olvido
como gotas de alba en el cristal
de mis ojos cuando contemplo la verdad.

La cola que deja la aparición
un dragón de humo nadando
en la danza del tiempo y la historia,
culmina la evolución en una colilla
de cigarrillo, muerta de sed y sol,
para que llegue el empleado de limpieza
al barrer la mesa del piso y comerse
las puntas de los pelos con la boca
de un respiro – mientras tanto yo
cansado como los hielos de la risa,
observo los hechos absurdos de mi época –
la poza del olvido centellando
con el plástico quemado de la sabiduría,
la fruta aplastada del corazón.

Costa
orilla
litoral
trazado en mi angustia
con aguas de cielo
apaciguando la roca
de mi tristeza –
costa
orilla
litoral
atravesando la idea
de mi existencia
con aguas de salubre soledad
reventando contra la roca
de mi propia imposibilidad
costa
orilla
litoral
forma de culebra
en la arena de mi iglesia
con aguas de semillas
sembradas en la roca
de mi dios artificial
costa
orilla
litoral
colocado como una verdad
en la cruz de mi pensamiento
con sus aguas de ave
en el vuelo de la roca
que golpea mi corazón
como una profecía
de ensueño
costa
orilla
litoral
de mar rojo acostado en el
sentido de mi piel
con aguas de azul parpadeo
apretando la blanca roca
de mi negro ser.

¡Mar!
Oculto.
En el centro
de horas.
¡Mar!
De dulce
cristal –
roble de antaño
en la cúspide
de la obra negra.
Como vida ciega
con amor al acto,
con sombra al nombre.
¡Nado ahí!
Mar secreto,
en el centro
del olvido,
inconsciente
como la luna
detrás del
minuto.
You must be logged in to post a comment.