poema blanco

Perdóname
pero me confundí
creí que los días eran
tabernas con barra libre
donde todos pasan fumando
y yo tomo mis cervezas
mientras leo el obituario
de mi pensamiento,
perdón, de veras
creí que el sufrimiento
era el pan de todos los días
del cual todos comen
pero siempre quedan con hambre,
no lo hago al propio
pero me enamoré salvajemente
del absurdo
besamos vulgarmente en público y ella
me masturba ahí mismo
haciéndome regar poemas blancos
en los pies de tu rutina
 
 
 
 

poemas del nihilismo

Aquella… esperanza?

con las cicatrices del precipicio 

   me acerco a estas orillas 

traigo la sangre seca en mis brazos 

  recuerdo bien el sentimiento de caer 

          el desencanto de regresar 

    y la necesidad de seguir 

reconozco las arrugas de las paredes 

         en la oquedad de otra derrota 

la sucia lágrima que renunció 

           y se evaporó sin obituario 

ese polvo en la circunferencia de mis labios 

     esa palabra que nunca pude pronunciar…

 La angustia fosilizada
que quedó como el epitafio de mi trayectoria:
     ¿pero aún sigo caminando?
                    ¿aún distingo esa lejanía llamada… esperanza?