
Llegó la hora de hacer mis dedos
bosques en una expansión maléfica
cubriendo el sendero del deseo
con sus densos y vastos crucigramas
desviando la ruta de mi redención
es la hora de placar las sombras
dejarlas caer sobre el suelo prístino
de mis huellas sucias
hacer de las señas una comunicación
al pájaro que vuela a su cima
una última vez
es hora de estirar la muerte
como un tambor de cuero
e iniciar el estrépito
que nos estremecerá
entre las hojas del
tacto.









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