
Una ave blanca
pura como el vuelo
se convirtió
en fondo negro
y alzó sus alas
dentro de mí
en un cataclismo ligero
suspendido casi
sobre la eternidad vacía
del alma olvidada

Estaba frío
y la piel dolía a hielo
la manos del que fuma un cigarrillo
o los dedos del que cumple un poema
era noche
y la belleza no estaba en el frío
ni en la temprana noche
la necesidad que me obligó a escribir esto
y la del extraño que fumó el cigarrillo
consistía en que el extraño y yo
solo supimos solo de dos cosas
– era de noche y frío estaba –
en tales reducidos espacios
suelen suceder poemas y cenizas.
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