Inventado una mañana

Contemporary_Art_Acrylic_Abstract_P

La sombra
cubre cada movimiento
llueve
pero no hay
gotas
nadie
sale por las calles
por miedo de morir
de tanta luz
fue lógico
entonces
identificarse con
las sombras
con lo que sucede
pero no se percibe
fue natural
vivir
porque
no queda otra;
nos acostamos
no para la orgía
sino para sentir
el manto
intangible de oscuridad
sobre nuestros pechos
desnudos,
sepultados
a la espera
del noticiero matutino
que nos revelaría
alguna razón para vivir.

.

.

.

poesía contemporánea

entre un nunca y un fue

Erik Satie poema

nunca
fue
 

sentir en el invierno
que nunca antes tuvimos
el frío justo debajo de los

pelos

mientras el paso

errático del hombre

tal vez

yo

caminaba

eufóricamente extraviado

por callejones y calles

cuyos nombres

no podía pronunciar

y era noche

propia de otras novelas

síntoma de otros poemas

y fue ahí

cuando

el calor nocturno

acariciaba en escalofrío

un ídolo del Gnossiennes

en la tempestad

cuya época o región

había habitado

por limitados instantes

antes de

desvanecer

entre un

nunca

y un

fue.

Intervalo

sentimiento existencia

Y este dedo
que se desliza
debajo del ojo
sintiendo la masa
de piel
como una tierra
hecha de carne
todo es todo
hay que cerrar los ojos
cerrar los ojos
para tenerlo todo
cae de mi frente
el sudor frío
de un doloroso éctasis
si no es santidad
debe ser
una corriente
emanando de
los vientos primordiales
que zumbaron
entre los hemisferios
de la primera noche,
hay que cerrar los ojos
y sentir
la carne con su sangre
la música con su vino
la vida con su muerte
todo con todo
a las orillas
de un silencio.

pasos y pasos

lejania alma

Pasos, pasos
y una furtiva mirada
tal vez,
entre ojos y ojos
horas y horas
extrañando los nombres
que nunca tuve
perdiendo las vidas
que no fueron mías
pasos lentos
una nota de piano
como esa nieve
lejos de todo,
mi alma cósmica
entre reojos
entre horas
tan lejos de todo.

ser huérfano

¿Fue error

separarse

llamarse huérfano

para recorrer descalzo

la inmensidad de las cordilleras

                del pensamiento

sin aire, ahogarse en las aguas nocturnas

                 del enigma

anclado en la soledad

para ver los edificios muertos cuando todos

              se fueron a dormir

crecer la barba por falta de espejo –

fue error

ser espectador único

  lombriz de tierra

aún en el lodo prístino;

inventando las nubes

que lloverán sobre los innavegables ríos

que lentamente llenan los océanos del futuro?

 

 

poesía del nihilismo contemporáneo

ser hoja

Es la edad para ser hoja caída del árbol mudo
nuestra voluntad no sería más que una ráfaga de viento
el destino: caer en un caño lleno de cosas olvidadas
nuestro sueño sería desintegrarse en una sopa de residuos
tocar esta vida una última vez en forma unánime
hasta volver a ser parte de todo, del resto
una vez más
hoja
sol
y agua
por esas épocas vecinas
llenas de galaxias y sueños.

Una fría noche

noche nube

 

Estaba frío
y la piel dolía a hielo
la manos del que fuma un cigarrillo
o los dedos del que cumple un poema
era noche
y la belleza no estaba en el frío
ni en la temprana noche
la necesidad que me obligó a escribir esto
y la del extraño que fumó el cigarrillo
consistía en que el extraño y yo
solo supimos solo de dos cosas
– era de noche y frío estaba –
en tales reducidos espacios
suelen suceder poemas y cenizas.

Poesia actual

en el parque

Estoy cansado
sentado un parque
de noche pura
cansado de utilizar
palabras añejas
para todas estas cosas
que apenas nacieron hoy


el árbol sin hojas
una luna lejana

 

dos versos exhausto
quedé, que este mundo extraño
nadie aun le ha inventado
un alfabeto ni mucho menos
han discernido los pasos
huecos y sublimes
de una marcha
cuyos poemas revelarán

 

el parque con la luna
la noche con el árbol

 

como cosas nuevas
aun sin nombre.

la mesa – o fracción de ella

La mesa
con su color
y un poco de resfrío
verde con ganas de rojo
estrecha, tumbada
en el cuarto que nadie visita
justo esta mesa, o fracción de ella
babeando una sangre amarga
llorando las lágrimas de existir
con dos latidos sonoros
hechos de viejos testamentos
la mesa o alguna de sus cuatro patas
la tercera, tal vez, detrás del vínculo invisible
confiando que la cuarta y la segunda
la odian, la primera perdida
como la última oración de un libro
la mesa
lejos de la confabulación
incapaz de soportar ni un solo pelo más
reina del rectángulo inservible
verde a veces verificablemente vacía
la mesa donde llegaré a morir algún día.

la lenta muerte


Con la taza
el lápiz y el reloj
entre todas las cosas
que me sostienen subjetivamente
sentado, casi muerto
antojado de una tristeza
que no llega
buscando sufrir
para desmentir la existencia
con la taza
el lápiz y el reloj
— casi muerto.